Sabrina: luchar contra el patriarcado es más duro que luchar contra demonios

Cine

La apuesta de Netflix por el remake de la serie noventera Sabrina, cosas de brujas ha resultado ser un éxito. Y no es casualidad, ya que, bajo la excusa de una trama tan demoníaca como adolescente, trata uno de los temas más actuales y necesarios: la desigualdad y la injusticia hacia las mujeres.

sabrina

La serie nos presenta a Sabrina Spellman, una jovencita a punto de cumplir 16 años. Al ser mestiza (hija de una mortal y de un afamado brujo) deberá elegir el día de su cumpleaños si lleva a cabo su Bautismo Oscuro y vende su alma a cambio de grandes poderes. Sin embargo, Sabrina ha acudido hasta ahora a un instituto normal y corriente y ha entablado lazos afectivos (tiene novio y dos mejores amigas); y lo que es más importante: tiene una gran personalidad que le va a impedir aceptar el camino que los demás le han marcado. Es por eso que ella decide cuestionarse su iniciación en lo que a la magia se refiere, pues considera que no hay nada más preciado que su libertad y no piensa vendérsela a nadie, aunque tenga unas terribles consecuencias. Tras protagonizar un juicio infernal y teniendo en cuenta que su madre la bautizó, el veredicto la obliga a ir por la mañana a su instituto y por la tarde a la academia de magia, pudiendo así aunar sus dos pasiones.

Todo este argumento de lucha contra diferentes instituciones ya sea de su colegio o de la Iglesia Oscura, se convierte en un intento de derribar el sistema establecido: el patriarcado. Al lado de ciertas costumbres o comportamientos de la sociedad en la que se ve inmersa (sea mortal o mágica) el hecho de matar demonios, superar posesiones infernales o acabar con el mismísimo ángel de la muerte, se queda corto.

Algunos de los temas más importantes que trata la serie es la sororidad, la ayuda entre mujeres. Sabrina siempre está por la labor de ayudar a otras chicas, apoya a sus amigas mortales en todo lo que haga falta. En un momento dado los deportistas populares del instituto acosan a Suzie, le levantan la camiseta para ver si tiene pechos, le pegan, le provocan… Sabrina trata de ayudarla a través de las vías “normales”, contándole al director la situación, pero ante la (poco sorprendente) indiferencia de éste, se da cuenta de que debe proceder a través de la vía mágica. Es entonces cuando pide ayuda a sus “enemigas” brujas, las hermanas fatídicas, que a pesar de odiar a Sabrina por ser medio mortal aprecian la injusticia de la situación y están dispuestas a darle una gran lección a esos humanos. Para la venganza, estas adolescentes no tienen más que apelar a lo más obvio: la masculinidad de los chicos y su sexualidad. Consiguen que ellos les sigan a las minas, a pesar de que están muertos de miedo con la frase “¿no seréis unos cobardes?” con una seductora voz. Las brujas, con su magia, consiguen que crean que están besándose con ellas, sin embargo, lo que están haciendo es besarse entre ellos en ropa interior mientras ellas hacen fotos. Saben que si las enseñan su masculinidad se vería terriblemente dañada y por eso los chicos juran no volver a acosar a Suzie ni a ninguna otra mujer del instituto. De igual forma, Sabrina y sus amigas, aprovechando que el director está unos días fuera de juego y que tienen a la jefa de estudios como aliada, crean el club WICCA (Women’s Intersectional Cultural and Creative Association), un lugar para ellas, para hablar tanto de arte como de cualquier problema que estén teniendo las mujeres en el instituto. Además de esto, el feminismo en esta serie es transversal, se encarga de combatir varias injusticias, desde suprimir las “novatadas” de la escuela mágica hasta acabar con la censura de ciertos libros polémicos que han ido retirando de la biblioteca del instituto, como La Naranja Mecánica o Blue Eyes.

Otro aspecto destacable es la constante alusión a los referentes femeninos y la importancia de éstos para coger fuerza y ejemplo. Nada resulta más ilustrativo que la escena en la que Sabrina está intentando ser la primera bruja en realizar un exorcismo porque (sorpresa) es algo que solo pueden hacer los hombres. Ella intenta expulsar a un demonio parásito que atormenta a su poseído diciéndole cosas como sodomita y pervertido. Para realizar el conjuro lo que hace es invocar a todas las grandes brujas y pedirles fuerza. Es una metáfora de cómo nosotras podemos acabar con grandes injusticias sociales y de la importancia de tener grandes referentes y acudir a ellas. En esta escena se alude a mujeres reales de la historia, recordando en cierta forma cómo todas aquellas que se salieron de la norma fueron quemadas por brujas (en sentido figurado o literal). Sabrina las invoca al grito de “visitadnos hermanas, interceded en nuestro nombre”, desde Lilith (primera esposa de Adán según una leyenda judía) o Hécate (diosa griega de los partos), hasta Hildegard de Bingen (curandera del siglo XII) o Ana Bolena (ejecutada en el siglo XVI por adultera).

No podía faltar en una serie de esta índole el tema de los cazadores de brujas, una sutil (o no tanto) metáfora sobre los machistas de la sociedad. En este caso se trata de la familia del novio de Sabrina, pues cuando sus amigas brujas descubren el apellido de éste le dicen que su familia es famosa por sus crímenes contra las brujas y que su novio debe de ser como ellos, pues lo lleva en la sangre. El desarrollo del personaje nos ilustra cómo la personalidad finalmente se puede forjar a pesar del contexto hostil en el que te veas envuelto. El chico se siente solo en su familia, pues su abuelo y su padre son dos mineros rudos y poco transigentes. A pesar de que éste quiere ser dibujante de comics, le obligan a trabajar en la mina, ya que lo del arte no está muy bien visto en semejante familia que representa a la perfección la masculinidad tóxica. Ellos quieren que su pequeño sea un machote, que vaya a cazar con ellos. De hecho, le obligan a matar un ciervo, aunque él se niega. El padre es agresivo y trata mal a las mujeres que tienen alrededor, así como a su hijo, al que intenta pegar más de una vez. Aunque Harvey es sin duda un aliado feminista, que apoya a Sabrina y la trata bien en una relación amorosa muy sana, se ve en algunas ocasiones condicionado por el contexto en el que ha crecido. De pequeño vio al demonio en las minas y desde entonces tiene miedo de volver a entrar. Harvey se atormenta pensando que es un cobarde, le da vergüenza llorar delante de Sabrina en algunos momentos y se puede observar cómo tiene el runrún en la cabeza de que quizás no es demasiado “hombre” (tantos años en semejante familia han hechos sus estragos).

Por último, la serie critica la falta de mujeres en cualquier institución de poder. La Iglesia Negra no está exenta del machismo histórico que se acusa en las instituciones. El Padre Blackwood es el que manda, el representante del Señor Oscuro (también hombre) en la tierra. Las mujeres quedan relegadas al plano de ejecutar sus órdenes o darle un heredero legítimo (que sea hombre, por supuesto). Ellos, como todas las figuras de poder, tienen sus privilegios, y la serie nos muestra cómo en algunos momentos de la historia han sido aprovechados, por ejemplo, una anciana narra cómo se salió del camino de la oscuridad porque el Sumo Sacerdote del momento intentó abusar de ella cuando era una niña. El Padre Blackwood trata a las mujeres o bien con desprecio o bien con condescendencia, o directamente como meros instrumentos para conseguir una finalidad. Tanto es así que cuando su mujer muere en el parto da a luz a gemelos, naciendo la niña antes que el niño. La tía de Sabrina, Zelda, decide ocultar a la niña y criarla ella sola, pues teme que el Sumo Sacerdote enfurezca al ver que la primogénita es mujer. Tras el nacimiento, el padre lleva a su hijo delante de todos los hombres de la Iglesia Oscura, que comienzan a alabarlo de una manera bastante sectaria y que augura el rumbo machista que va a tomar la institución con este nuevo líder al mando…

La antítesis del Padre Blackwood sería la Señorita Wardwell, encargada de llevar a Sabrina al camino de la oscuridad mientras se hace pasar por su profesora. En el último capítulo descubrimos que ella en realidad es Madame Satán, la Madre de los Demonios, y que su objetivo es reinar al lado del Señor Oscuro teniendo a la poderosa Sabrina como discípula. Aunque, tal y como pinta la serie, lo ideal sería que Sabrina y la Señorita Wardwell se aliaran para derrotar al Señor Oscuro, al Padre Blackwood y a todo aquel que pretenda seguir con tradiciones rancias y poco igualitarias.

En conclusión, definitivamente Sabrina es una serie que habla del empoderamiento de la mujer, del machismo y de la lucha contra las injusticias y la desigualdad y, con la que se nos viene encima, no se me ocurre mejor chute de energía que pasar el tiempo libre viendo a esta joven con ganas de comerse el mundo.

Sabrina: Pero yo quiero libertad y poder.

Prudence: Él nunca te dará eso. El Señor Oscuro. El pensamiento de que tú, o cualquiera de nosotros, tengamos ambas le aterroriza.

Prudence: Es un hombre, ¿no?

Sabrina: ¿Y eso por qué?

 

(Publicado en Mujeres en Lucha)

 

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