Los días que vendrán: acompañando a una pareja en el embarazo

festival de cine de málaga, Sin categoría

Fue hace cinco años cuando Carlos Marques-Marcet conseguía en el Festival de Málaga el premio a mejor película con su ópera prima “10.000 km”, una bonita historia sobre las relaciones a distancia. Todo apunta a que este año lo ha vuelto a hacer, termina el pase de prensa, y los espectadores aplauden mientras se escuchan algunos sollozos tímidos en la sala.

“Los días que vendrán” nos presenta a una pareja de treintañeros, que viven juntos desde hace poco tiempo. Ellos descubren que están embarazados y deciden ir a abortar, sin embargo, se arrepienten, pues dicen (a través de un maravilloso diálogo) que no están seguros de querer tenerlo pero que sí están seguros de no querer no-tenerlo. Desde el principio apreciamos la química que existe entre David Verdaguer y María Rodríguez Soto, y nos vemos inmersos en una historia íntima en la que la cámara se pega a los personajes y donde prima el naturalismo en todos los sentidos. Estas imágenes resultan tan reales que impactan, vemos como a la protagonista le crece mes a mes la barriga, conocemos a su madre y observamos un vídeo casero en el que la da a luz… Vamos pasando, momento por momento, por las fases de su embarazo hasta que finalmente la película termina con la actriz dándole el pecho a la recién nacida mientras que él se va a trabajar.

De camino, se tocan temas tan importantes como el contexto socioeconómico y cómo irremediablemente éste nos influye, por ejemplo, siendo la embarazada, Vir, despedida del periódico en el que trabajaba. También el protagonista, Lluís, que comienza la película fumando porros y trabajando en una pequeña oficina con sus amigos, y termina sintiendo el síndrome del macho que debe abastecer a su familia, dejando todo eso por entrar a trabajar en el despacho de abogados de su tío y cambiándole poco a poco desde la forma de vestir hasta la personalidad. A través de varias peleas, sobre el colegio al que acudirá la niña, el nombre que le pondrán o si el parto será natural o con epidural, observamos cómo la pareja se va conociendo poco a poco y cómo cada uno debe de hacer concesiones para poder vivir juntos esos días que están por venir.

La película, rodada en su mayoría en una localización, su apartamento, nos ofrece una variedad de planos de cámara en mano que representan la intimidad, acompañados de una banda sonora catalana maravillosa donde se echan de menos los subtítulos.

Pero no es hasta la rueda de prensa que entendemos lo que acabamos de ver y cómo se ha rodado. El director, Carlos Marques-Marcet cuenta la historia, estaban todavía rodando su anterior película “Tierra Firme” cuando su actor predilecto, David Verdaguer, le contó que su pareja estaba embarazada. En ese momento Carlos comenzó a elucubrar la película, que fue surgiendo poco a poco a medida que avanzaba el embarazo. Ellos alquilaron un piso al lado de donde vivían y usaron su propio apartamento como set de rodaje. La forma en la que trabajaron se basaba en construir los personajes y a raíz de eso improvisar durante horas, mientras que las guionistas, Clara Roquet y Coral Cruz, junto con el director, apuntaban y perfilaban algunos diálogos para luego representarlos con la cámara delante. Hay que destacar también el papel de los productores, valientes al confiar en esta arriesgada apuesta, al ser una película que se construía a sí misma; así como los montadores, que tuvieron que hacer frente a un volumen ingente de horas grabadas.

Además, los protagonistas, al ser pareja representan algunas escenas complicadas con toda naturalidad, como practicar sexo cumplidos los nueve meses de embarazo para provocar el parto. Ayuda también el hecho de que la madre y el padre de María Rodríguez Soto accedieran a actuar en la película y fueran tan generosos como para regalar un video casero sobre el nacimiento de la actriz. Este video se alterna con el metraje grabado, haciéndolo más emotivo aún. Cuenta el director, que la película se grabó en varios formatos para simular la diferencia de éstos que solía haber en los vídeos caseros antiguos.

En definitiva, un magnífico ejercicio de dirección de actores y de fotografía, donde una historia que a priori no parecía tan interesante te envuelve por completo y te sumerge en un mar de emociones.

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