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Carrete forzado 2 pasos

analógico, Fotografía

Resultados de forzar un carrete blanco y negro dos pasos, de 400 a 1600. Fotografías realizadas con prismas, filtros y largas exposiciones. Revelado a mano en el laboratorio de la Escuela Apertura, en el taller de fotografía analógica avanzada.

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Pensamientos de un domingo cualquiera

analógico, Fotografía, Sin categoría

“Pensamientos de un domingo cualquiera” pretende expresar la rutina de los domingos a través de los 24 disparos de un carrete en blanco y negro, y de una vieja cámara analógica encontrada en el sótano familiar. El texto incluido en las fotografías parte de la escritura automática realizada en el momento de la toma fotográfica.

Proyecto realizado para una práctica sobre la cotidianeidad del Master de Autor de la Escuela de Fotografía Apertura.

El doble más quince: respuestas encontradas en el confluir de la adolescencia y la madurez

festival de cine de málaga, Sin categoría

Una atrevida película donde Mikel Rueda apuesta por llevar más allá su cortometraje “Caminan” con una historia donde la soledad une a una mujer madura (Maribel Verdú) y a un adolescente (German Alcarazu).

Para mi gusto estamos ante la propuesta más original de la sección oficial pues, aunque trate de “una pareja andando” al más puro estilo Linklater en su saga del amanecer o siendo más patriotas a Sorogoyen en Stockholm, lo que propone aquí Mikel Rueda es algo que se aleja de lo romántico o incluso de lo sexual. Ella, es una adulta, con la vida resulta como se suele decir, médica, con marido y con hijos. Él es un adolescente cuyo padre acaba de morir y que debe de hacer frente a unas preocupaciones monetarias impropias de su edad. Ambos caminos se cruzan cuando la protagonista, buscando esa chispa que le falta en su vida, entra en un chat sexual. En ese momento él está probando por primera vez ese método, pues necesita dinero rápido para dárselo a su madre y que pague las facturas. Los dos se citan sin haberse mostrado sus rostros y al verse se sorprenden, pues no esperaban la edad del otro. Descartan entonces por completo el encuentro sexual.

Finalmente, terminan pasando el día juntos, y a través de largos paseos los conocemos poco a poco y entendemos sus circunstancias. Son dos personas que en ese momento se sienten solas y buscan respuestas. Ella siente que su vida está acabada, que ya le queda poco por experimentar, él aunque es muy maduro para su edad, se siente sobrepasado.

Todo esto el director decide mostrárnoslo con un exquisito gusto a la hora de componer los planos, dejando fuera de foco al resto de personas que aparecen, pues no son los protagonistas. Nos vemos inmersos en una atmósfera azul, donde solo destacan ellos dos como puntos rojos, para acabar en una habitación de hotel con piel y luz amarilla. Así, la parte técnica es quizás lo más remarcable de la película, siendo un delicado ejercicio de estilo. De igual forma, las actuaciones, pues los protagonistas, ayudados de un elocuente guion, crean una química muy especial.

Al acabar el film en la rueda de prensa parece que algunos no han entendido la película, juzgando moralmente la propuesta del director. Hacen alusión a que lo que se muestra es ilegal (curioso que moleste tanto cuando lo encarna una mujer ya que toda nuestra cultura se sustenta en ficciones como Lolita) y que se ensalza una relación amorosa prohibida. En mi opinión la película no va de eso, va de lo que se llega a hacer cuando nos sentimos solos, del empujón que se puede encontrar en la persona menos pensada cuando estamos en un punto vital en el que no encontramos respuestas. Ella necesita recordar que su vida todavía no está acabada, y le enseña a él de una manera casi maternal a pasárselo bien, pues él ha tenido que crecer demasiado rápido. Entran en un festival de música, reflexionan sobre el matrimonio y el amor… en definitiva hablan de temas necesarios para seguir adelante pues exteriorizan sus sentimientos. La parte romántica y sexual me parece meramente anecdótica con todo el trasfondo que hay detrás. Además, me parece muy valiente mostrar a una mujer madura sintiendo deseos sexuales (al igual que se muestra constantemente a los hombres) y mostrar (no justificar, esto solo es ficción) relaciones de este tipo que es posible que acontezcan.

Aunque “objetivamente” quizás no sea la mejor película de la sección oficial si me ha parecido original y emotiva, y sobre todo valiente, pues viendo las reacciones que ha causado en algunos periodistas me reafirmo en que era necesario contar esta historia.

¿A quién te llevarías a una isla desierta?: el miedo a tomar decisiones

festival de cine de málaga, Sin categoría

Tras doce años en los que esta historia ha pasado por diferentes estadios (cortometraje, teatro…) Jota Linares consigue llevar al cine su isla desierta, acompañado de Netflix y cuatro talentosos jóvenes.

La película trata sobre tres compañeros de piso (y la novia de uno de ellos) que tras varios años viviendo ahí deben abandonar la casa en los siguientes días. El microuniverso que han creado en su época de estudiantes se ve alterado por la inminente madurez que les toca afrontar. Deben despedirse, meter todas sus pertenencias en cajas y comenzar una nueva etapa. A través de un solo día conocemos a Marcos, Eze, Marta y Celeste, así como la forma que tienen de relacionarse entre ellos, que se nos va narrando poco a poco. Y que por orden directa de Jota Linares en la rueda de prensa no desvelaremos cómo acaba para que el espectador se sienta totalmente sorprendido.

Tres de los personajes comparten un dilema bastante presente en la sociedad de hoy día, tienen inquietudes artísticas, pero también deben conseguir dinero para poder pagar facturas, es hora de elegir si quieren seguir su vocación o llenar su cartera. Marta se dedica a la danza clásica, Celeste es actriz, Eze escribe guiones y le gustaría vivir del cine. Todas sus preguntas giran en torno a eso: seré suficientemente bueno en lo mío, debería irme fuera a estudiar porque aquí no hay futuro, y si acepto un trabajo en la hostelería con tal de no seguir parada, me dedico a la enseñanza… Por el contrario, Marcos ha terminado medicina y se va a Oviedo a comenzar el MIR, su futuro profesional está claro, pero no por eso está exento de dudas, ya que su vida amorosa es todo un lío.

Esta película va sobre tomar decisiones vitales y la crisis que se presenta al final de la maravillosa época donde todo da igual, en la que vives en un piso con tus amigos y te limitas a pasártelo bien. Es así como, celebrando su última noche y víctimas del alcohol, se ven inmersos en una dramática pelea que comienza con un juego de beber consistente en contestar la siguiente pregunta: ¿a quién te llevarías a una isla desierta?

Un guion muy bien estructurado y muy teatral, interpretado por unos actores que se nota que tienen química entre ellos, donde el gran descubrimiento es Andrea Ros. Si conocíamos a los demás por famosas series de Netflix (María Pedraza y Jaime Lorente) o por otros años del festival (Pol Monen), es Andrea la que nos sorprende con una interpretación magistral y un personaje que el director construyó para ella. El trabajo interpretativo fue complicado, pues resaltan ellos mismos que la escena más dramática se grabó durante una semana, en la que terminaban la jornada con mucha intensidad y tenían que retomar al mismo nivel al día siguiente, lo cual resultó viable gracias al tiempo de ensayo previo y a una buena dirección de actores.

Cabe destacar también la labor que desempeña el director de fotografía junto con el director, metiendo la cámara en lugares imposibles, así como el montador, que tuvo que poner en orden muchos tiros de cámara. Por último, hay que decir que a nivel de producción resulta muy inteligente hacer de esto “un producto Netflix” ya que la temática que trata y los actores encajarán a la perfección en un público joven, y que finalmente esta historia llegará probablemente a más casas por esa vía que si se estrenara únicamente en salas cinematográficas.

Los días que vendrán: acompañando a una pareja en el embarazo

festival de cine de málaga, Sin categoría

Fue hace cinco años cuando Carlos Marques-Marcet conseguía en el Festival de Málaga el premio a mejor película con su ópera prima “10.000 km”, una bonita historia sobre las relaciones a distancia. Todo apunta a que este año lo ha vuelto a hacer, termina el pase de prensa, y los espectadores aplauden mientras se escuchan algunos sollozos tímidos en la sala.

“Los días que vendrán” nos presenta a una pareja de treintañeros, que viven juntos desde hace poco tiempo. Ellos descubren que están embarazados y deciden ir a abortar, sin embargo, se arrepienten, pues dicen (a través de un maravilloso diálogo) que no están seguros de querer tenerlo pero que sí están seguros de no querer no-tenerlo. Desde el principio apreciamos la química que existe entre David Verdaguer y María Rodríguez Soto, y nos vemos inmersos en una historia íntima en la que la cámara se pega a los personajes y donde prima el naturalismo en todos los sentidos. Estas imágenes resultan tan reales que impactan, vemos como a la protagonista le crece mes a mes la barriga, conocemos a su madre y observamos un vídeo casero en el que la da a luz… Vamos pasando, momento por momento, por las fases de su embarazo hasta que finalmente la película termina con la actriz dándole el pecho a la recién nacida mientras que él se va a trabajar.

De camino, se tocan temas tan importantes como el contexto socioeconómico y cómo irremediablemente éste nos influye, por ejemplo, siendo la embarazada, Vir, despedida del periódico en el que trabajaba. También el protagonista, Lluís, que comienza la película fumando porros y trabajando en una pequeña oficina con sus amigos, y termina sintiendo el síndrome del macho que debe abastecer a su familia, dejando todo eso por entrar a trabajar en el despacho de abogados de su tío y cambiándole poco a poco desde la forma de vestir hasta la personalidad. A través de varias peleas, sobre el colegio al que acudirá la niña, el nombre que le pondrán o si el parto será natural o con epidural, observamos cómo la pareja se va conociendo poco a poco y cómo cada uno debe de hacer concesiones para poder vivir juntos esos días que están por venir.

La película, rodada en su mayoría en una localización, su apartamento, nos ofrece una variedad de planos de cámara en mano que representan la intimidad, acompañados de una banda sonora catalana maravillosa donde se echan de menos los subtítulos.

Pero no es hasta la rueda de prensa que entendemos lo que acabamos de ver y cómo se ha rodado. El director, Carlos Marques-Marcet cuenta la historia, estaban todavía rodando su anterior película “Tierra Firme” cuando su actor predilecto, David Verdaguer, le contó que su pareja estaba embarazada. En ese momento Carlos comenzó a elucubrar la película, que fue surgiendo poco a poco a medida que avanzaba el embarazo. Ellos alquilaron un piso al lado de donde vivían y usaron su propio apartamento como set de rodaje. La forma en la que trabajaron se basaba en construir los personajes y a raíz de eso improvisar durante horas, mientras que las guionistas, Clara Roquet y Coral Cruz, junto con el director, apuntaban y perfilaban algunos diálogos para luego representarlos con la cámara delante. Hay que destacar también el papel de los productores, valientes al confiar en esta arriesgada apuesta, al ser una película que se construía a sí misma; así como los montadores, que tuvieron que hacer frente a un volumen ingente de horas grabadas.

Además, los protagonistas, al ser pareja representan algunas escenas complicadas con toda naturalidad, como practicar sexo cumplidos los nueve meses de embarazo para provocar el parto. Ayuda también el hecho de que la madre y el padre de María Rodríguez Soto accedieran a actuar en la película y fueran tan generosos como para regalar un video casero sobre el nacimiento de la actriz. Este video se alterna con el metraje grabado, haciéndolo más emotivo aún. Cuenta el director, que la película se grabó en varios formatos para simular la diferencia de éstos que solía haber en los vídeos caseros antiguos.

En definitiva, un magnífico ejercicio de dirección de actores y de fotografía, donde una historia que a priori no parecía tan interesante te envuelve por completo y te sumerge en un mar de emociones.

7 razones para huir (algunas mejores que otras)

festival de cine de málaga, Sin categoría

Esta comedia negra inspirada en “Relatos Salvajes” nos presenta 7 cortometrajes de dura crítica social, en la que se nos explican algunos motivos por los que nuestra sociedad está fracasando bajo los títulos de: familia, orden, solidaridad, propiedad, trabajo, progreso y matrimonio.

La premisa de la película es muy atractiva: entrar al cine creyendo que vas a reír y salir divertido, pero con la conciencia social ligeramente trastocada al reconocerte en alguna de las historias que te presentan. Sin embargo, al ser siete historias resulta normal que algunas destaquen por encima de otras, más aún si la primera es espectacular y deja el listón muy alto para las siguientes. Este primer corto, sobre un matrimonio que intenta “abortar” a su hijo nini y treintañero, ya que en su momento no le dejaron, nos prepara el cuerpo para un humor ácido e impactante; pero caemos en la monotonía y la repetición en la segunda historia, cuando un anuncio sobre los niños en el tercer mundo sale de la pantalla y llega al salón de una pareja de ancianos.

A lo largo de la película este cambio de ritmo se repite en varias ocasiones, se alternan historias divertidas y fascinantes con otras que carecen de sentido y resultan aburridas. Aún así, merece la pena, pues las buenas son muy buenas, y los actores y actrices realizan un papel determinante. Cabe destacar a Pepe Viyuela, que representa a un marido que hace frente al “no tengo nada que ponerme” de su mujer (Lola Dueñas) teniendo un taller clandestino en el sótano con esclavos que cosen sin cesar. Este cortometraje, que parece hacer una alusión directa a Amancio Ortega y te quita las ganas de consumir “moda rápida”, se sostiene enteramente por un brillante monólogo del actor.

Las reflexiones que vemos a lo largo del film son actuales y originales, siendo una por ejemplo sobre cómo en un futuro iremos a comprar un piso y tendremos que hacerlo con aquellos que se suicidaron dentro debido a los desahucios. El agente inmobiliario da soluciones al respecto, como decorar al hombre colgado del cuello en el despacho con luces de navidad, o usarlo para pegarle post-it. También es interesante la protagonizada por Nuria Gago y David Verdaguer, unos novios en el altar que se replantean lo que van a hacer ante la frase “hasta que la muerte os separe”, aunque no llega a ser tan desternillante como su predecesora, la historia de la boda de “Relatos Salvajes”.

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En definitiva, una película entretenida y técnicamente muy bien resuelta, pero con luces y sombras. Con historias que son toda una genialidad, pero con otras que sobran y parecen ejercer de relleno, aunque en todas se intuye el mensaje que se pretende transmitir y se aprecia la intención ideológica que hay detrás.