Paquita Salas T3: el fenómeno que representa a una generación.

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Al principio, Paquita Salas, era una serie que no se tomaba muy en serio. Que llegó a los más frikis por el boca a boca cuando aún estaba en Flooxer. Poco después y gracias algunos premios, la serie y Los Javis se hicieron famosos. Netflix compró la serie, y el resto es historia. Paquita ha estado en los Goya, ha hecho portadas de revista, ha colapsado Twitter con sus memes y nos ha robado el corazón. Y yo me alegro, porque es una serie muy necesaria a varios niveles, tanto por los valores que promueve como por la descripción realista que hace del mundo del cine, la tele y la fama.

Si bien es cierto que algunas personas mayores o que no están puestos en el mundo del mamarracheo, las redes sociales y el folklore español del siglo 21, puede que se pierdan; el resto de los mortales disfrutamos de una deliciosa variedad de cameos, alusiones a nuestra adolescencia y a la parte más turbia de la televisión española. En esta temporada (justo en la época en la que la Pantoja se encuentra llorando por un bocadillo de calamares en la Isla de Supervivientes) es la tonadillera la que abre la serie cantando la intro. Realmente no puede haber nada más actual y a la vez que nostálgico y kitsch que esto. Desde luego, que Los Javis son inteligentes y saben ver las oportunidades es algo innegable.  De igual forma, no solo meten a los concursantes de OT dándoles algunas frasecitas, o a la fantasía de King Jedet actuando (un gran descubrimiento, parece que hace bien lo que le echen), sino que la mismísima Terelu Campos se convierte en una villana de una empresa de moda que nos recuerda a la película de nuestra infancia El Diablo Viste de Prada. O sea, Los Javis han tenido la osadía de equiparar a Terelu con Meryl Streep, y eso es algo que me fascina.

 

De igual forma, han conseguido rescatar a Belinda Washington y a Lidia San José para llevarlas a lo más alto y darnos lo que para mi es uno de los mejores momentos de la televisión: la canción de Cinco Deditos. El personaje de Belinda (no muy disimuladamente basado en Leticia Sabater) aprovecha que la han pillado con un video subido de tono, para reírse de ella misma y lanzar un el hitazo del verano. Todo esto no sería nada sin Yolanda Ramos, que hace hasta ahora su mejor papel interpretando a una community manager borracha, y sin Brays Efe y Belén Cuesta que son estupendos, hagan lo que hagan.

 

Pero no nos quedemos en la superficie. Porque Paquita Salas es muy graciosa, y yo nunca me había reído tanto con una serie española. Pero también llevaba tiempo (mucho) sin emocionarme tanto. Se nota que Los Javis llevan tiempo en la industria, ya que narran su parte más cruel desde varios puntos de vista. En primer lugar con una reflexión sobre las actrices, con las que mucha gente no consigue empatizar y entender que llevan una vida muy dura, que llegan solo unas pocas, y las que llegan están sometidas a una gran presión. Cuando escucho hablar a la gente de a pie sobre los “estos actores y actrices que cobran un pastón y no hacen nada”, pienso que debería ser obligatorio pasar un día en un rodaje, y ver cómo repiten una toma 50 veces, cómo directores déspotas les gritan, cómo se toman cinco minutos y se van al camerino a llorar. Por otra parte habla también de las actrices olvidadas, de lo efímero de la fama, un día estás en lo más alto y después de 30 años no te contratan, pero eso sí, están dispuestos a abrir Sálvame contigo si la has liado en algo, porque los “errores”, o más bien salseos, no los perdonan los medios.

En cuanto al tema del guion y las mujeres en el cine… qué decir de eso. Lo vuelvo a repetir, se nota que ellos han estado en muchas reuniones. La forma en la que los productores tratan a las guionistas, en este caso interpretada por Anna Castillo, es muy realista. Primero te felicitan porque seas mujer y hayas llegado hasta ahí, y te dicen que te quieren en parte porque ahora toda producción necesita que haya mujeres (para quedar bien, básicamente), a continuación se sorprenden “¡anda, mujer y encima graciosa, no escribes sobre cosas ñoñas!” y luego te proponen cambiar absolutamente todo para que finalmente escribas lo que ellos quieren, porque en realidad ni se han leído tu idea, ni la han entendido, ni les suele importar, quieren dinero y tener a una mujer por ahí, que con esto del feminismo eso queda muy bien. En fin, a Anna Castillo le proponen convertir su película de dramedia en una película slasher de terror. Ella, siendo fiel a sus principios, renuncia (algo que no todo el mundo en la industria se puede permitir).

El final de Paquita es redondo, se hace una película sobre la vida de Anna Allen, un escándalo que ocurrió en nuestro país, donde Paquita, interpretada por Juan Echanove es su representante. Cine dentro del cine, un sinfín de metáforas donde se entremezclan realidad y ficción, y una gran generosidad por parte de los Javis y otros personajes por abrirnos su corazón, pues estoy segura que muchas historias están basadas en hechos reales (la de Macarena García con Leiva, la de Úrsula Corberó…).

Este serie es una lección del audiovisual. La forma de hacer tele está cambiando, la forma de dirigir y guionizar a ciertos personajes no puede ser algo totalmente rígido y que deje fuera a los actores. Los Javis están proponiendo un nuevo método que se ve reflejado tanto en su serie, como en su película. Y a los más jóvenes nos está encantando. Es humor, pero es drama. Lloras de risa y de empatía en cada capítulo. Y nos hace a todos un poco más tolerantes enseñándonos siempre ambas caras de la moneda.

Final de Juego de tronos

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Te puede gustar más o menos, haberla empezado hace 8 años o haberte zampado las 8 temporadas en los últimos meses solamente por entender eso de lo que habla todo el mundo, puedes sentirte ahora mismo decepcionado o emocionado… Pero lo que está claro es que se acaba de hacer historia de la televisión, por lo menos desde un punto fenomenológico. ¿Desde cuando no nos quedábamos despiertos hasta las 3 de la mañana para ver en directo la emisión de un capítulo americano? ¿Desde Perdidos (eso es otra historia)?

En cualquier caso, y aunque haya series objetiva y subjetivamente mejores que esta, Juego de tronos ha conseguido que todos hablemos de lo mismos. Ha roto brechas generacionales, ha conseguido que gente que hasta ahora solo veía La que se avecina sepa lo que es la verdadera emoción… En fin, que no es la mejor serie de la historia, pero algo tendrá cuando ha llegado a un público tan amplio y variado.

Y como buen fenómeno social no está exento de polémica, pues hasta se ha creado un change.org para que se repita esta última temporada (creo que la gente no entiende muy bien como funciona la televisión, pero eso también es otra historia). Los fans no paran de repetir que las primeras temporadas tenían un tono, el del sádico George RR Martin, que los nuevos guionistas (David Benioff y D. B. Weiss) no han conseguido mantener. Porque, por supuesto, cuando todo va bien el mérito es del director, del productor, de los actores y de hasta el que lleva el café antes que de los guionistas, pero claro, si la cosa va mal… ¡que le corten la cabeza a los que han escrito semejante aberración!

Algo muy importante a tener en cuenta es que el final de una serie nunca nos va a gustar, o por lo menos en muy pocas ocasiones, y eso es lógico. Son todas nuestras expectativas contra una sala de decenas de personas (expertas) con mucho trabajo detrás, desde biblias de personajes que contienen el primer trauma de Jon Snow a los 4 años hasta unas paredes llenas de post-it que les hacen tener pesadillas. Pero bueno, nosotros, como buenos cuñados seriéfilos, y más hoy día con las redes sociales de por medio, nos vemos con el derecho de criticarlo todo (que tampoco esta mal, oye, darle un poco al coco es bueno para la salud).

*Spoiler alert*

¿Que qué me ha parecido al mi el final? Bueno, eso da igual, porque es el que hay. ¿Que yo lo hubiera hecho diferente? Por supuesto. Pero ya cuando llegue yo a ser guionista de HBO y pueda hacer lo que me de la gana hablamos.

A lo que vamos, lo que SI me parece criticable es como han conducido a grandes personajes (la mayoría femeninos) a muertes patéticas, tramas ñoñas, idealistas, infantiles y al final y al cabo, sin coherencia con su evolución desde la temporada uno. Comenzamos con el fenómeno Daenerys. A esta muchacha se le veía desde el principio que era una tirana, quemar a un montón de gente (aunque fuera muy malos) no te hace menos genocida. Lo que pasa es que ella tenía pelazo, era muy estilosilla y pues claro, hubo confusiones nivel “voy a ponerle a mi hija Daenerys, rompedora de cadenas”. Bueno, pues la gente, se ha sentido muy impresionada porque nuestra querida Danny coja y haga arder una ciudad entera de inocentes por su objetivo principal: conseguir el trono a cualquier coste. Esto es lo más coherente que ha pasado en esta temporada, se veía venir. PERO, lo que no me parece de recibo es que con la inteligencia de esta señora para conquistar un mundo entero, se vea cegada por el culo de Jon Snow (que la entendemos, pero el reino va primero) y no tome la precaución de matar a su querido antes de que se le subleve. De hecho, la escena en la que Jon (el héroe más soso que ha tenido la historia de la televisión) y Danny se funden en un tierno abrazo y se escucha como uno de los dos ha clavado una daga, yo pensé “por fin esta mujer ha espabilado”. Pero no, como decía Kate Millet: “El amor ha sido el opio de las mujeres (…) mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban”. Dicho y hecho.

Por otra parte, está el plot twist de Bran siendo rey. Sam, que es un señor instruido porque ha leído mucho, propone una democracia, pero los señores se ríen en su cara. A todo esto al rey lo eligen los nobles, pero los de ahí cerca, porque los de las islas de los morenitos que son más estilo tercermundista no interesa que tengan voz ni voto, así que nadie les envía un mísero burofax para preguntarles. Volvemos a Bran, resulta que el tío con sus poderes psíquicos bizarros lo sabía desde el primer momento y se quedaba tan pancho ahí en su silla, esperando agazapado. Esto pilla a Sansa con el morro torcido, ella quería ser princesa desde que nació, y no ha pasado por numerosas violaciones y maltratos para nada, así que se planta y dice “venga, tu sé rey de lo que te dé la gana, peor yo me quedo con el norte que me quiero poner una corona bonica y unas buenas pieles de visón”.

Nos queda Arya, gracias a la cual están todos vivos, aunque parece que nadie lo recuerda. Porque aquí la amiga ha salvado a la humanidad después de años de entrenarse en las cloacas con su metro cincuenta y ni un puesto de ministra le han dado. Ella, que ha renunciando al matrimonio de un jovencito atractivo que usó para darse el gusto antes de irse a la batalla, coge su mapa y su espada y se va a explorar nuevos mundos como si la hubiera poseído el espíritu de Cristóbal Colón.

Tyrion, por supuesto, que es más listo que el hambre, pone carica de pena y dice que lo ha hecho todo muy mal hasta ahora, y como la gente que reconoce sus errores suele gustar se queda de mano del rey. A Jon lo mandan con los salvajes, porque si se queda ahí en medio crea un poco de tensión, ya que ha matado a la reina de medio mundo. Esperemos de todo corazón que el frío de detrás del muro le de un poco de vidilla y pueda dejar de ser tan rancio.

A lo largo de esta temporada hemos visto otras muertes. Está nuestra querida Cersei, una villana maravillosa, que al final reducen a una niña llorica que muere entre piedras por su amado (su hermano). En fin. Esta señora tan mítica merecía una muerte en condiciones, que alguien la defenestrara, que le sacaran los ojos… En cualquier caso, que se quedara defendiendo su castillo y no que saliera corriendo y llorando. Esto si que me ha parecido un bluff total.

Y así es como acaba Juego de tronos. Bran reinará, no muy centrado porque eso de vivir en pasado, presente y futuro tiene que derivarte a un uso bastante elevado de ansiolíticos. Y todos los que sobreviven son muy felices, lo cual a los que amábamos el tono de George RR Martin nos hace tremendamente infelices. Pero bueno, las series son así, acaban como acaban. En este caso, unos personajes femeninos malvados y complejísimos se han terminado convirtiendo en niñas caprichosas. La ficción es lo que tiene. Con esta cara me he quedado:

bran

Bonus track: ¿Mi final perfecto? En primer lugar, si por mi fuera hubiera reinado Cersei, que me parecía la más mala y la más ambiciosa y la historia nos ha enseñado que esos son los que ganan. Pero partiendo del minuto cero de este último capítulo: En ese abrazo amoroso Danny hubiera matado a Jon, como una persona inteligente y no como una teenager enamorada. Lo hubiera colgado de la plaza del pueblo en plan “esto es lo que hay, a ver ahora quien me planta cara”. Luego Arya hubiera llegado sigilosamente como hace ella y se hubiera cargado a Daenerys, rompedora de cadenas (y estilosa genocida). Y raíz de eso, tal y como dijo Sam, ni reyes ni nada. Una república democrática en la que reinaran en coalición un partido formado por Sansa, Arya, Yara, Tyrion y Brienne. Se tenía que decir y se ha dicho.

 

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Archidona analógico

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Fotografías de Archidona y alrededores realizadas en 35mm con la cámara Canon AE1 Program y carrete Kodak Color Plus 200.

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Pensamientos de un domingo cualquiera

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“Pensamientos de un domingo cualquiera” pretende expresar la rutina de los domingos a través de los 24 disparos de un carrete en blanco y negro, y de una vieja cámara analógica encontrada en el sótano familiar. El texto incluido en las fotografías parte de la escritura automática realizada en el momento de la toma fotográfica.

Proyecto realizado para una práctica sobre la cotidianeidad del Master de Autor de la Escuela de Fotografía Apertura.

El doble más quince: respuestas encontradas en el confluir de la adolescencia y la madurez

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Una atrevida película donde Mikel Rueda apuesta por llevar más allá su cortometraje “Caminan” con una historia donde la soledad une a una mujer madura (Maribel Verdú) y a un adolescente (German Alcarazu).

Para mi gusto estamos ante la propuesta más original de la sección oficial pues, aunque trate de “una pareja andando” al más puro estilo Linklater en su saga del amanecer o siendo más patriotas a Sorogoyen en Stockholm, lo que propone aquí Mikel Rueda es algo que se aleja de lo romántico o incluso de lo sexual. Ella, es una adulta, con la vida resulta como se suele decir, médica, con marido y con hijos. Él es un adolescente cuyo padre acaba de morir y que debe de hacer frente a unas preocupaciones monetarias impropias de su edad. Ambos caminos se cruzan cuando la protagonista, buscando esa chispa que le falta en su vida, entra en un chat sexual. En ese momento él está probando por primera vez ese método, pues necesita dinero rápido para dárselo a su madre y que pague las facturas. Los dos se citan sin haberse mostrado sus rostros y al verse se sorprenden, pues no esperaban la edad del otro. Descartan entonces por completo el encuentro sexual.

Finalmente, terminan pasando el día juntos, y a través de largos paseos los conocemos poco a poco y entendemos sus circunstancias. Son dos personas que en ese momento se sienten solas y buscan respuestas. Ella siente que su vida está acabada, que ya le queda poco por experimentar, él aunque es muy maduro para su edad, se siente sobrepasado.

Todo esto el director decide mostrárnoslo con un exquisito gusto a la hora de componer los planos, dejando fuera de foco al resto de personas que aparecen, pues no son los protagonistas. Nos vemos inmersos en una atmósfera azul, donde solo destacan ellos dos como puntos rojos, para acabar en una habitación de hotel con piel y luz amarilla. Así, la parte técnica es quizás lo más remarcable de la película, siendo un delicado ejercicio de estilo. De igual forma, las actuaciones, pues los protagonistas, ayudados de un elocuente guion, crean una química muy especial.

Al acabar el film en la rueda de prensa parece que algunos no han entendido la película, juzgando moralmente la propuesta del director. Hacen alusión a que lo que se muestra es ilegal (curioso que moleste tanto cuando lo encarna una mujer ya que toda nuestra cultura se sustenta en ficciones como Lolita) y que se ensalza una relación amorosa prohibida. En mi opinión la película no va de eso, va de lo que se llega a hacer cuando nos sentimos solos, del empujón que se puede encontrar en la persona menos pensada cuando estamos en un punto vital en el que no encontramos respuestas. Ella necesita recordar que su vida todavía no está acabada, y le enseña a él de una manera casi maternal a pasárselo bien, pues él ha tenido que crecer demasiado rápido. Entran en un festival de música, reflexionan sobre el matrimonio y el amor… en definitiva hablan de temas necesarios para seguir adelante pues exteriorizan sus sentimientos. La parte romántica y sexual me parece meramente anecdótica con todo el trasfondo que hay detrás. Además, me parece muy valiente mostrar a una mujer madura sintiendo deseos sexuales (al igual que se muestra constantemente a los hombres) y mostrar (no justificar, esto solo es ficción) relaciones de este tipo que es posible que acontezcan.

Aunque “objetivamente” quizás no sea la mejor película de la sección oficial si me ha parecido original y emotiva, y sobre todo valiente, pues viendo las reacciones que ha causado en algunos periodistas me reafirmo en que era necesario contar esta historia.

¿A quién te llevarías a una isla desierta?: el miedo a tomar decisiones

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Tras doce años en los que esta historia ha pasado por diferentes estadios (cortometraje, teatro…) Jota Linares consigue llevar al cine su isla desierta, acompañado de Netflix y cuatro talentosos jóvenes.

La película trata sobre tres compañeros de piso (y la novia de uno de ellos) que tras varios años viviendo ahí deben abandonar la casa en los siguientes días. El microuniverso que han creado en su época de estudiantes se ve alterado por la inminente madurez que les toca afrontar. Deben despedirse, meter todas sus pertenencias en cajas y comenzar una nueva etapa. A través de un solo día conocemos a Marcos, Eze, Marta y Celeste, así como la forma que tienen de relacionarse entre ellos, que se nos va narrando poco a poco. Y que por orden directa de Jota Linares en la rueda de prensa no desvelaremos cómo acaba para que el espectador se sienta totalmente sorprendido.

Tres de los personajes comparten un dilema bastante presente en la sociedad de hoy día, tienen inquietudes artísticas, pero también deben conseguir dinero para poder pagar facturas, es hora de elegir si quieren seguir su vocación o llenar su cartera. Marta se dedica a la danza clásica, Celeste es actriz, Eze escribe guiones y le gustaría vivir del cine. Todas sus preguntas giran en torno a eso: seré suficientemente bueno en lo mío, debería irme fuera a estudiar porque aquí no hay futuro, y si acepto un trabajo en la hostelería con tal de no seguir parada, me dedico a la enseñanza… Por el contrario, Marcos ha terminado medicina y se va a Oviedo a comenzar el MIR, su futuro profesional está claro, pero no por eso está exento de dudas, ya que su vida amorosa es todo un lío.

Esta película va sobre tomar decisiones vitales y la crisis que se presenta al final de la maravillosa época donde todo da igual, en la que vives en un piso con tus amigos y te limitas a pasártelo bien. Es así como, celebrando su última noche y víctimas del alcohol, se ven inmersos en una dramática pelea que comienza con un juego de beber consistente en contestar la siguiente pregunta: ¿a quién te llevarías a una isla desierta?

Un guion muy bien estructurado y muy teatral, interpretado por unos actores que se nota que tienen química entre ellos, donde el gran descubrimiento es Andrea Ros. Si conocíamos a los demás por famosas series de Netflix (María Pedraza y Jaime Lorente) o por otros años del festival (Pol Monen), es Andrea la que nos sorprende con una interpretación magistral y un personaje que el director construyó para ella. El trabajo interpretativo fue complicado, pues resaltan ellos mismos que la escena más dramática se grabó durante una semana, en la que terminaban la jornada con mucha intensidad y tenían que retomar al mismo nivel al día siguiente, lo cual resultó viable gracias al tiempo de ensayo previo y a una buena dirección de actores.

Cabe destacar también la labor que desempeña el director de fotografía junto con el director, metiendo la cámara en lugares imposibles, así como el montador, que tuvo que poner en orden muchos tiros de cámara. Por último, hay que decir que a nivel de producción resulta muy inteligente hacer de esto “un producto Netflix” ya que la temática que trata y los actores encajarán a la perfección en un público joven, y que finalmente esta historia llegará probablemente a más casas por esa vía que si se estrenara únicamente en salas cinematográficas.