Crítica de “Pieles” de Eduardo Casanova

Cine

Casi final del Festival de Cine de Málaga, estreno de Pieles de Eduardo Casanova y mucha expectación por parte del público después de su premiere en la Berlinale. La sala estaba llena de jóvenes curiosos que siguen a este cineasta y ven algo más allá del pequeño Fidel de Aída. Mucha gente enamorada ya antes de ver la película de la estética y la temática tan particular de sus cortos y por supuesto de sus originales fotografías de Instagram.  Ni siquiera han arrancado los títulos de crédito y algo me dice que va a ser mi gran elegida del Festival.

Van pasando los minutos y resulta que no me equivocaba. Esta película, que pretende retratar la vida de aquellas personas que tienen deformidades físicas o que simplemente se alejan de lo que la sociedad estipula “políticamente correcto”, no te deja en ningún momento indiferente. Causa en el espectador una contradicción permanente entre una cuidada fotografía que oscila entre el rosa y el lavanda y una temática y un humor muy negro. Consigue que durante hora y media te pongas en la piel (nunca mejor dicho) de los grandes olvidados, y aunque a algunas personas les resultase desagradable a mi me pareció una manera muy tierna de plasmar cosas muy oscuras. No solo habla de personas con problemas físicos o mentales, habla de todos y cada uno de nosotros, de temas universales como son la soledad, el amor o la aceptación. Todo esto lo vemos a través de personas con la cara quemada, que no tienen ojos o que incluso tienen un culo donde debería ir la boca, gente que no se atreve a salir de sus casas o que les resulta muy difícil llevar una vida “normal”.

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El reparto cuenta con actores muy conocidos de los que ya esperábamos una interpretación magistral, como Candela Peña o Carmen Machi, que nunca decepcionan. Pero a mi me gustaría destacar aquellos que no habíamos visto nunca en gran pantalla o que no habían tenido tanta repercusión, como es Ana Polvorosa, la ya reconocida musa del director. A pesar de no poder utilizar su boca como recurso expresivo consigue trasmitirnos muchas emociones con los ojos. Otros descubrimientos de esta película son Jon Kortajarena (que tengo que reconocer que hasta el final no supe que era él) e Itziar Castro, que consigue que empaticemos mucho con su personaje aunque aparezca poquito en pantalla.

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Sí, es cierto que el guión tiene algunos tropiezos, pues quizás podrían haber estado más conectadas entre ellas las historias paralelas de esta película coral, tal y como consiguió “Kiki” de Paco León. Pero tenemos que recordar que es la primera película de este jovencísimo director y me parece que la temática es tan valiente y arriesgada que se le puede perdonar. Con un humor que me recuerda mucho a “Happiness” de Todd Solondz, Eduardo Casanova consigue que pasemos en cuestión de segundos del asco a la risa, y de ahí al llanto. Por si esto fuera poco la fotografía es maravillosa, combinando una puesta en escena un poco kitsch que bien podría pertenecer a la casa de Alaska y Mario (de la cual soy fan número uno), con unos movimientos de cámara aparentemente artificiosos pero a su vez bien planeados y que me recuerdan al enfant terrible de Cannes (Xavier Dolan) y con una simetría propia del mismísimo Wes Anderson.

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Se convierte así Pieles en mi gran ganadora del Festival de Cine de Málaga, por su originalidad y valentía y porque (para mis extraños gustos) es la mejor fotografía que veo en España desde hace muchos años. Parece que nuestro país nos está abriendo las puertas hacia una nueva generación de cineastas y no podemos hacer otra cosa que estar impacientes por sus próximas obras. ¡Os dejo aquí el trailer para que en cuanto salga en cines no os la perdáis!

Mi puntuación: 5/5

Crítica de “El Bar” de Álex de la Iglesia

Cine

Se inauguraba el pasado viernes el Festival de Cine de Málaga con El Bar, la esperada película de Álex de la Iglesia que nos prometía volver a su mejor época, acercarnos un poco más a El día de la Bestia o La Comunidad y hacer que olvidemos las fallidas Mi gran noche y Las brujas de Zugarramurdi. ¿Lo ha conseguido? Es difícil decirlo, la película tiene tantas luces y sombras como sus propios personajes.

Arrancan los títulos de crédito, en una sala llena de entradas compradas en preventa, todos nos miramos expectantes mientras nombres como el de Terele Pávez, Carmen Machi, Mario Casas y Blanca Suárez se pasean entre bacterias y gérmenes con una música que ya nos anuncia que lo que vamos a ver podría ser un thriller.

Comienza la película y se nos van presentando los personajes, gente pintoresca pero muy estereotipada y con poca profundidad. Esta falta de imaginación nos lleva a una niña pija que se queda colgada del primero que aparece, un hipster que trabaja como publicista de Campofrío, un ama de casa ludópata, un vagabundo borracho y religioso, un policía retirado frustrado… Nada que no hayamos visto antes.

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El tono de la película es quizás el único motivo para recomendarla, oscilando siempre entre la comedia y el drama. Riéndonos de ver cosas en pantalla que nos recuerdan a nosotros mismos, aterrándonos al pensar qué haríamos en situaciones límite. Ese humor tan negro dentro del contexto de la sala de cine, que hace que te rías de cosas fuera de lo políticamente correcto, hace que merezca la pena.

Técnicamente muy bien construida, sobretodo el plano secuencia inicial, pero sin una fotografía de estas que enamoran y hacen que un plano en concreto (ya sea por la composición, por el color, por el enfoque…) se te quede grabado en la retina.

En definitiva (SPOILER ALERT!) se trata de una película que puede llevarnos a la reflexión a través de diálogos originales (dentro del estereotipo) a pesar de ser una historia simple. Siembra en el espectador la duda ante la capacidad de elegir si consideramos la vida de unos más valiosa que la de otros según la ocupación o la función que desempeñen. Hace que te preguntes si merece más la pena que viva alguien que ha perdido toda esperanza o una persona joven con mucho tiempo por delante. La película te lleva a través de la mente de los personajes a creer que un vagabundo borracho no necesita la salvación para que después éste de un discurso sobre lo hipócritas que somos y cómo nos equivocamos. La película se despide con un plano final en el que vemos la indiferencia de Madrid, la gran ciudad, ante alguien con problemas, nos hace pensar que vivimos en una sociedad en la que estamos tan ocupados que no tenemos ni un segundo para ayudar a una chica medio desnuda vagando por la calle.

Lo mejor: El vagabundo borracho, Jaime Ordoñez, estupendamente caracterizado y que una vez más nos deleita con una interpretación magistral que debería darle más fama que a otros del reparto. Su personaje nos muestra las luces y las sombras de alguien que tiene una vida rota pero no siempre fue así, de alguien que parece loco pero que en algunos momentos es la persona más cuerda de la situación.

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Lo peor: El personaje de Blanca Suárez. Realmente sorprendente como adaptan todo el guión para que la chica guapa del momento termine en ropa interior embadurnada en aceite para pasar así los últimos treinta minutos de la película. ¿Deciden poner a Carmen Machi o a Terele Pávez  (ambas con infinitamente más talento) enseñando cacho? ¿O incluso a un hombre? Sorpresa, eso no vende. Todo se solucionaría si por lo menos la protagonista representara a una mujer fuerte, pero (sorpresa de nuevo) se trata de una mujer que “de buena es tonta”, cuya máxima aspiración en la vida es enamorarse y que nos muestra su debilidad a lo largo de toda la película y encima al final se le ve recompensado, ¡y todo eso sin bajarse los tacones y con una lencería monísima¡ Motivo más que suficiente para que esta película no reciba mi (humilde) aprobación.

Mi puntuación: 3/5 

“Interesante para pasar un buen rato.”