El doble más quince: respuestas encontradas en el confluir de la adolescencia y la madurez

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Una atrevida película donde Mikel Rueda apuesta por llevar más allá su cortometraje “Caminan” con una historia donde la soledad une a una mujer madura (Maribel Verdú) y a un adolescente (German Alcarazu).

Para mi gusto estamos ante la propuesta más original de la sección oficial pues, aunque trate de “una pareja andando” al más puro estilo Linklater en su saga del amanecer o siendo más patriotas a Sorogoyen en Stockholm, lo que propone aquí Mikel Rueda es algo que se aleja de lo romántico o incluso de lo sexual. Ella, es una adulta, con la vida resulta como se suele decir, médica, con marido y con hijos. Él es un adolescente cuyo padre acaba de morir y que debe de hacer frente a unas preocupaciones monetarias impropias de su edad. Ambos caminos se cruzan cuando la protagonista, buscando esa chispa que le falta en su vida, entra en un chat sexual. En ese momento él está probando por primera vez ese método, pues necesita dinero rápido para dárselo a su madre y que pague las facturas. Los dos se citan sin haberse mostrado sus rostros y al verse se sorprenden, pues no esperaban la edad del otro. Descartan entonces por completo el encuentro sexual.

Finalmente, terminan pasando el día juntos, y a través de largos paseos los conocemos poco a poco y entendemos sus circunstancias. Son dos personas que en ese momento se sienten solas y buscan respuestas. Ella siente que su vida está acabada, que ya le queda poco por experimentar, él aunque es muy maduro para su edad, se siente sobrepasado.

Todo esto el director decide mostrárnoslo con un exquisito gusto a la hora de componer los planos, dejando fuera de foco al resto de personas que aparecen, pues no son los protagonistas. Nos vemos inmersos en una atmósfera azul, donde solo destacan ellos dos como puntos rojos, para acabar en una habitación de hotel con piel y luz amarilla. Así, la parte técnica es quizás lo más remarcable de la película, siendo un delicado ejercicio de estilo. De igual forma, las actuaciones, pues los protagonistas, ayudados de un elocuente guion, crean una química muy especial.

Al acabar el film en la rueda de prensa parece que algunos no han entendido la película, juzgando moralmente la propuesta del director. Hacen alusión a que lo que se muestra es ilegal (curioso que moleste tanto cuando lo encarna una mujer ya que toda nuestra cultura se sustenta en ficciones como Lolita) y que se ensalza una relación amorosa prohibida. En mi opinión la película no va de eso, va de lo que se llega a hacer cuando nos sentimos solos, del empujón que se puede encontrar en la persona menos pensada cuando estamos en un punto vital en el que no encontramos respuestas. Ella necesita recordar que su vida todavía no está acabada, y le enseña a él de una manera casi maternal a pasárselo bien, pues él ha tenido que crecer demasiado rápido. Entran en un festival de música, reflexionan sobre el matrimonio y el amor… en definitiva hablan de temas necesarios para seguir adelante pues exteriorizan sus sentimientos. La parte romántica y sexual me parece meramente anecdótica con todo el trasfondo que hay detrás. Además, me parece muy valiente mostrar a una mujer madura sintiendo deseos sexuales (al igual que se muestra constantemente a los hombres) y mostrar (no justificar, esto solo es ficción) relaciones de este tipo que es posible que acontezcan.

Aunque “objetivamente” quizás no sea la mejor película de la sección oficial si me ha parecido original y emotiva, y sobre todo valiente, pues viendo las reacciones que ha causado en algunos periodistas me reafirmo en que era necesario contar esta historia.

¿A quién te llevarías a una isla desierta?: el miedo a tomar decisiones

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Tras doce años en los que esta historia ha pasado por diferentes estadios (cortometraje, teatro…) Jota Linares consigue llevar al cine su isla desierta, acompañado de Netflix y cuatro talentosos jóvenes.

La película trata sobre tres compañeros de piso (y la novia de uno de ellos) que tras varios años viviendo ahí deben abandonar la casa en los siguientes días. El microuniverso que han creado en su época de estudiantes se ve alterado por la inminente madurez que les toca afrontar. Deben despedirse, meter todas sus pertenencias en cajas y comenzar una nueva etapa. A través de un solo día conocemos a Marcos, Eze, Marta y Celeste, así como la forma que tienen de relacionarse entre ellos, que se nos va narrando poco a poco. Y que por orden directa de Jota Linares en la rueda de prensa no desvelaremos cómo acaba para que el espectador se sienta totalmente sorprendido.

Tres de los personajes comparten un dilema bastante presente en la sociedad de hoy día, tienen inquietudes artísticas, pero también deben conseguir dinero para poder pagar facturas, es hora de elegir si quieren seguir su vocación o llenar su cartera. Marta se dedica a la danza clásica, Celeste es actriz, Eze escribe guiones y le gustaría vivir del cine. Todas sus preguntas giran en torno a eso: seré suficientemente bueno en lo mío, debería irme fuera a estudiar porque aquí no hay futuro, y si acepto un trabajo en la hostelería con tal de no seguir parada, me dedico a la enseñanza… Por el contrario, Marcos ha terminado medicina y se va a Oviedo a comenzar el MIR, su futuro profesional está claro, pero no por eso está exento de dudas, ya que su vida amorosa es todo un lío.

Esta película va sobre tomar decisiones vitales y la crisis que se presenta al final de la maravillosa época donde todo da igual, en la que vives en un piso con tus amigos y te limitas a pasártelo bien. Es así como, celebrando su última noche y víctimas del alcohol, se ven inmersos en una dramática pelea que comienza con un juego de beber consistente en contestar la siguiente pregunta: ¿a quién te llevarías a una isla desierta?

Un guion muy bien estructurado y muy teatral, interpretado por unos actores que se nota que tienen química entre ellos, donde el gran descubrimiento es Andrea Ros. Si conocíamos a los demás por famosas series de Netflix (María Pedraza y Jaime Lorente) o por otros años del festival (Pol Monen), es Andrea la que nos sorprende con una interpretación magistral y un personaje que el director construyó para ella. El trabajo interpretativo fue complicado, pues resaltan ellos mismos que la escena más dramática se grabó durante una semana, en la que terminaban la jornada con mucha intensidad y tenían que retomar al mismo nivel al día siguiente, lo cual resultó viable gracias al tiempo de ensayo previo y a una buena dirección de actores.

Cabe destacar también la labor que desempeña el director de fotografía junto con el director, metiendo la cámara en lugares imposibles, así como el montador, que tuvo que poner en orden muchos tiros de cámara. Por último, hay que decir que a nivel de producción resulta muy inteligente hacer de esto “un producto Netflix” ya que la temática que trata y los actores encajarán a la perfección en un público joven, y que finalmente esta historia llegará probablemente a más casas por esa vía que si se estrenara únicamente en salas cinematográficas.

Los días que vendrán: acompañando a una pareja en el embarazo

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Fue hace cinco años cuando Carlos Marques-Marcet conseguía en el Festival de Málaga el premio a mejor película con su ópera prima “10.000 km”, una bonita historia sobre las relaciones a distancia. Todo apunta a que este año lo ha vuelto a hacer, termina el pase de prensa, y los espectadores aplauden mientras se escuchan algunos sollozos tímidos en la sala.

“Los días que vendrán” nos presenta a una pareja de treintañeros, que viven juntos desde hace poco tiempo. Ellos descubren que están embarazados y deciden ir a abortar, sin embargo, se arrepienten, pues dicen (a través de un maravilloso diálogo) que no están seguros de querer tenerlo pero que sí están seguros de no querer no-tenerlo. Desde el principio apreciamos la química que existe entre David Verdaguer y María Rodríguez Soto, y nos vemos inmersos en una historia íntima en la que la cámara se pega a los personajes y donde prima el naturalismo en todos los sentidos. Estas imágenes resultan tan reales que impactan, vemos como a la protagonista le crece mes a mes la barriga, conocemos a su madre y observamos un vídeo casero en el que la da a luz… Vamos pasando, momento por momento, por las fases de su embarazo hasta que finalmente la película termina con la actriz dándole el pecho a la recién nacida mientras que él se va a trabajar.

De camino, se tocan temas tan importantes como el contexto socioeconómico y cómo irremediablemente éste nos influye, por ejemplo, siendo la embarazada, Vir, despedida del periódico en el que trabajaba. También el protagonista, Lluís, que comienza la película fumando porros y trabajando en una pequeña oficina con sus amigos, y termina sintiendo el síndrome del macho que debe abastecer a su familia, dejando todo eso por entrar a trabajar en el despacho de abogados de su tío y cambiándole poco a poco desde la forma de vestir hasta la personalidad. A través de varias peleas, sobre el colegio al que acudirá la niña, el nombre que le pondrán o si el parto será natural o con epidural, observamos cómo la pareja se va conociendo poco a poco y cómo cada uno debe de hacer concesiones para poder vivir juntos esos días que están por venir.

La película, rodada en su mayoría en una localización, su apartamento, nos ofrece una variedad de planos de cámara en mano que representan la intimidad, acompañados de una banda sonora catalana maravillosa donde se echan de menos los subtítulos.

Pero no es hasta la rueda de prensa que entendemos lo que acabamos de ver y cómo se ha rodado. El director, Carlos Marques-Marcet cuenta la historia, estaban todavía rodando su anterior película “Tierra Firme” cuando su actor predilecto, David Verdaguer, le contó que su pareja estaba embarazada. En ese momento Carlos comenzó a elucubrar la película, que fue surgiendo poco a poco a medida que avanzaba el embarazo. Ellos alquilaron un piso al lado de donde vivían y usaron su propio apartamento como set de rodaje. La forma en la que trabajaron se basaba en construir los personajes y a raíz de eso improvisar durante horas, mientras que las guionistas, Clara Roquet y Coral Cruz, junto con el director, apuntaban y perfilaban algunos diálogos para luego representarlos con la cámara delante. Hay que destacar también el papel de los productores, valientes al confiar en esta arriesgada apuesta, al ser una película que se construía a sí misma; así como los montadores, que tuvieron que hacer frente a un volumen ingente de horas grabadas.

Además, los protagonistas, al ser pareja representan algunas escenas complicadas con toda naturalidad, como practicar sexo cumplidos los nueve meses de embarazo para provocar el parto. Ayuda también el hecho de que la madre y el padre de María Rodríguez Soto accedieran a actuar en la película y fueran tan generosos como para regalar un video casero sobre el nacimiento de la actriz. Este video se alterna con el metraje grabado, haciéndolo más emotivo aún. Cuenta el director, que la película se grabó en varios formatos para simular la diferencia de éstos que solía haber en los vídeos caseros antiguos.

En definitiva, un magnífico ejercicio de dirección de actores y de fotografía, donde una historia que a priori no parecía tan interesante te envuelve por completo y te sumerge en un mar de emociones.

7 razones para huir (algunas mejores que otras)

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Esta comedia negra inspirada en “Relatos Salvajes” nos presenta 7 cortometrajes de dura crítica social, en la que se nos explican algunos motivos por los que nuestra sociedad está fracasando bajo los títulos de: familia, orden, solidaridad, propiedad, trabajo, progreso y matrimonio.

La premisa de la película es muy atractiva: entrar al cine creyendo que vas a reír y salir divertido, pero con la conciencia social ligeramente trastocada al reconocerte en alguna de las historias que te presentan. Sin embargo, al ser siete historias resulta normal que algunas destaquen por encima de otras, más aún si la primera es espectacular y deja el listón muy alto para las siguientes. Este primer corto, sobre un matrimonio que intenta “abortar” a su hijo nini y treintañero, ya que en su momento no le dejaron, nos prepara el cuerpo para un humor ácido e impactante; pero caemos en la monotonía y la repetición en la segunda historia, cuando un anuncio sobre los niños en el tercer mundo sale de la pantalla y llega al salón de una pareja de ancianos.

A lo largo de la película este cambio de ritmo se repite en varias ocasiones, se alternan historias divertidas y fascinantes con otras que carecen de sentido y resultan aburridas. Aún así, merece la pena, pues las buenas son muy buenas, y los actores y actrices realizan un papel determinante. Cabe destacar a Pepe Viyuela, que representa a un marido que hace frente al “no tengo nada que ponerme” de su mujer (Lola Dueñas) teniendo un taller clandestino en el sótano con esclavos que cosen sin cesar. Este cortometraje, que parece hacer una alusión directa a Amancio Ortega y te quita las ganas de consumir “moda rápida”, se sostiene enteramente por un brillante monólogo del actor.

Las reflexiones que vemos a lo largo del film son actuales y originales, siendo una por ejemplo sobre cómo en un futuro iremos a comprar un piso y tendremos que hacerlo con aquellos que se suicidaron dentro debido a los desahucios. El agente inmobiliario da soluciones al respecto, como decorar al hombre colgado del cuello en el despacho con luces de navidad, o usarlo para pegarle post-it. También es interesante la protagonizada por Nuria Gago y David Verdaguer, unos novios en el altar que se replantean lo que van a hacer ante la frase “hasta que la muerte os separe”, aunque no llega a ser tan desternillante como su predecesora, la historia de la boda de “Relatos Salvajes”.

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En definitiva, una película entretenida y técnicamente muy bien resuelta, pero con luces y sombras. Con historias que son toda una genialidad, pero con otras que sobran y parecen ejercer de relleno, aunque en todas se intuye el mensaje que se pretende transmitir y se aprecia la intención ideológica que hay detrás.

 

Staff Only: una emocionante reflexión sobre el turismo en el tercer mundo

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El primer trabajo de ficción de Neus Ballús hace uso de la estética documental para acompañar a la protagonista y debutante, Elena Andrada, del mundo de la inocencia de los 17 a la madurez de los 18 a base de golpes (emocionales).

La película trata de un viaje familiar, donde Marta (Elena Andrada) y su hermano pequeño acompañan a su padre a un complejo hotelero en Senegal por motivos de negocios. A lo largo de la cinta podemos ver el contraste de la vida de los huéspedes del hotel con la parte donde se está alojado el staff. La directora, contando esta historia, nos muestra el “circo” que hay alrededor del turismo en el tercer mundo. Así como la crueldad de la explotación cultural de los habitantes, que muchas veces tienen que exponer sus costumbres como si fuesen los leones a los que los turistas observan en el safari desde el coche para subir fotos a Instagram. A través de los ojos de la joven vemos este punto de vista más crítico de la situación, en contraposición con su padre, que tiene una agencia de viajes y disfruta disfrazándose y creyéndose dentro de la cultura de los senegaleses.

Como buena adolescente Marta odia las actividades familiares y por rebeldía comienza a mezclarse con el staff del hotel: se escapa por la noche para salir a bailar con el videógrafo, finge estar enferma y se queda ayudando a la limpiadora de la habitación… Aunque ella se cree muy lista, y reprocha a su padre que se preocupe diciéndole que “ya no es una niña” la película termina con un tierno momento de reconciliación, en el que Marta, tras haber sufrido las consecuencias de su inocencia, parece descubrir lo que es la vida y busca apoyo en él.

A parte del bonito trasfondo ideológico de la película, resulta creativo la forma en la que se alternan los planos con lo que graba el videógrafo con estética documental; además de una fotografía y una técnica muy cuidada, que se nota que se ha hecho con cariño. Por otra parte, la banda sonora no pasa desapercibida y crea una atmósfera mágica que, acompañada del salto entre el catalán y el francés, es bastante agradable.

Una muy buena película que a estas alturas del festival parece la candidata más adecuada para ganar la biznaga, aunque todavía no se han estrenado las que podrían ser sus duras competidoras. Cabe destacar sin duda el trabajo de la actriz Elena Andrada y el actor Diomaye A. Ngom, excelentemente dirigidos por Neus Ballús.

“Litus”: la gran depresión silenciosa

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“Litus” de Daniel de la Orden, se presentaba hoy en el 22 Festival de Málaga de Cine en Español. El joven director ha contado con un talentoso elenco para llevar al cine la obra teatral de Marta Buchaca.

La premisa de la película es simple y ha sido ya utilizada por varios cineastas, Litus, un joven de 36 años se suicida. Meses después sus amigos y su exnovia, citados por el hermano del fallecido, se reúnen con el objetivo de hablar de sus sentimientos y leer unas cartas que éste dejó de despedida. Sin embargo, el enfoque es totalmente diferente a lo que hemos visto hasta ahora, pues este estilo de película se centra en todo lo que los personajes dicen sentir, Litus, por el contrario, es una reivindicación de lo que callan.

El arranque es lento y puede resultar pesado, pues pasan demasiado tiempo presentando a los personajes. En esta historial coral protagonizada por caras tan conocidas como la de Belén Cuesta, Quim Gutiérrez, Adrián Lastra o Alex García, vamos conociendo poco a poco su personalidad y pequeños detalles de su pasado, así como su relación con el fallecido Litus. Si bien es cierto que al principio piensas que le sobra la primera media hora, conforme transcurre la película te encuentras totalmente inmerso en los sentimientos de los personajes y te emocionas, es entonces cuando comprendes que esa presentación quizás era necesaria para que llegar a ese punto.

En la rueda de prensa el equipo ha contado cómo la sorpresa final, en boca de Quim Gutiérrez, salió de un guion que no leyeron el resto de los actores, con la finalidad de que reaccionaran de manera natural y espontánea a la hora de grabar la escena. También han remarcado que dispusieron de mucha libertad creativa en cuanto a sus personajes, y que no partían de un guion rígido.

Los elementos técnicos de la película no sobresalen especialmente, pues al beber de una obra teatral se desarrolla la mayor parte del metraje en una localización, que tampoco da juego para un montaje o fotografía muy creativos, aunque lo suficientemente correctos. La banda sonora, de mano de Iván Ferreiro y Dani Trujillo sí que resulta agradable.

En general una película dramática con la que emocionarse, que merecerá la pena si eres paciente y consigues sobrepasar la primera hora. Además plantea ciertas reflexiones interesantes y necesarias, por ejemplo, cómo una persona aparentemente feliz y exitosa puede estar terriblemente deprimida, o cómo hoy día podemos ocultar todo lo que sentimos a través de la rutina del día a día y las redes sociales.

Crítica de “Esto no es Berlín”: de Sundance a Málaga

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Directa desde Sundance nos llega la película mejicana “Esto no es Berlín” de Hari Sama. A través de la historia de Carlos, el protagonista, nos trasladamos a la movida de los años ochenta para hablar de diversos temas, desde el despertar sexual del adolescente, hasta las performances y el movimiento contracultural mejicano.

Carlos y Gera, chicos normales y corrientes de 17 años, consiguen entrar en el mundillo del moderneo gracias a la hermana del segundo, que está en un grupo de rock. A lo largo de varios encuentros en un bar donde parece moverse lo más chungo de la ciudad, ellos hacen los contactos suficientes para que, a pesar de ser menores, puedan tener acceso a nuevos ambientes que les hacen replantearse las cosas.

El primer tema interesante que encontramos es el más universal de todos: el paso de la adolescencia a la edad adulta y con ello la búsqueda de la identidad propia. Ellos sienten que no son como el resto de sus compañeros, todavía bromeando sobre tonterías y tirándose papelitos en clase. Tienen inquietudes, y alucinan con el bar al que van, a pesar de que los demás se ríen porque rumorean que es de gays, motivo por el que en parte acuden a éste.

Se habla del despertar sexual, del uso de las drogas, del sida, del movimiento punk, de los primeros festivales… pero sin duda lo que nos resulta más interesante es el retrato de los primeros momentos del arte performativo. Hablan de

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 los museos de arte contemporáneo, de cómo los cuadros y la pintura se han quedado obsoletos y lo que se lleva son las performances, y sobretodo aquellas que son desagradables. Vemos a artistas comiendo vísceras y ensangrentándose, al protagonista desnudo con la bandera de Méjico para protestar acerca del mundial de fútbol y hasta a un fotógrafo que ante una sobredosis lo primero que hace es sacar una polaroid. Aquellos maravillosos ochenta.

Todo esto no sería interesante si no fuera acompañado de un fabuloso manejo de la cámara y de las luces. La dirección de fotografía es impecable, resulta ilusoria cuando nos tiene que marear en la discoteca, pero también nos transmite el más puro realismo cuando están en las calles. La música se encuentra en armonía con el resto de elementos, mostrando un repertorio hortera y kitsch que seguro formará parte de mi playlist en las próximas semanas.

Aunque desde luego lo mejor es el casting. Todos los actores y actrices son magnéticos y ayudados de vestuario y peluquería resultan totalmente atractivos y creíbles respecto al personaje que les toca representar.

Es cierto que el ritmo podría resultar lento para aquellos que dicen que no les gustan las películas en las que no pasa nada, pero en este caso la atmósfera te envuelve por completo y te dejas arrastrar por la magia de los ochenta. En definitiva, Hari Sama realiza un trabajo magistral en esta película, que será difícil superar por sus competidoras. Sin duda una gran candidata a la biznaga de oro (y por ahora mi apuesta).

Crítica de “El Bar” de Álex de la Iglesia

Cine

Se inauguraba el pasado viernes el Festival de Cine de Málaga con El Bar, la esperada película de Álex de la Iglesia que nos prometía volver a su mejor época, acercarnos un poco más a El día de la Bestia o La Comunidad y hacer que olvidemos las fallidas Mi gran noche y Las brujas de Zugarramurdi. ¿Lo ha conseguido? Es difícil decirlo, la película tiene tantas luces y sombras como sus propios personajes.

Arrancan los títulos de crédito, en una sala llena de entradas compradas en preventa, todos nos miramos expectantes mientras nombres como el de Terele Pávez, Carmen Machi, Mario Casas y Blanca Suárez se pasean entre bacterias y gérmenes con una música que ya nos anuncia que lo que vamos a ver podría ser un thriller.

Comienza la película y se nos van presentando los personajes, gente pintoresca pero muy estereotipada y con poca profundidad. Esta falta de imaginación nos lleva a una niña pija que se queda colgada del primero que aparece, un hipster que trabaja como publicista de Campofrío, un ama de casa ludópata, un vagabundo borracho y religioso, un policía retirado frustrado… Nada que no hayamos visto antes.

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El tono de la película es quizás el único motivo para recomendarla, oscilando siempre entre la comedia y el drama. Riéndonos de ver cosas en pantalla que nos recuerdan a nosotros mismos, aterrándonos al pensar qué haríamos en situaciones límite. Ese humor tan negro dentro del contexto de la sala de cine, que hace que te rías de cosas fuera de lo políticamente correcto, hace que merezca la pena.

Técnicamente muy bien construida, sobretodo el plano secuencia inicial, pero sin una fotografía de estas que enamoran y hacen que un plano en concreto (ya sea por la composición, por el color, por el enfoque…) se te quede grabado en la retina.

En definitiva (SPOILER ALERT!) se trata de una película que puede llevarnos a la reflexión a través de diálogos originales (dentro del estereotipo) a pesar de ser una historia simple. Siembra en el espectador la duda ante la capacidad de elegir si consideramos la vida de unos más valiosa que la de otros según la ocupación o la función que desempeñen. Hace que te preguntes si merece más la pena que viva alguien que ha perdido toda esperanza o una persona joven con mucho tiempo por delante. La película te lleva a través de la mente de los personajes a creer que un vagabundo borracho no necesita la salvación para que después éste de un discurso sobre lo hipócritas que somos y cómo nos equivocamos. La película se despide con un plano final en el que vemos la indiferencia de Madrid, la gran ciudad, ante alguien con problemas, nos hace pensar que vivimos en una sociedad en la que estamos tan ocupados que no tenemos ni un segundo para ayudar a una chica medio desnuda vagando por la calle.

Lo mejor: El vagabundo borracho, Jaime Ordoñez, estupendamente caracterizado y que una vez más nos deleita con una interpretación magistral que debería darle más fama que a otros del reparto. Su personaje nos muestra las luces y las sombras de alguien que tiene una vida rota pero no siempre fue así, de alguien que parece loco pero que en algunos momentos es la persona más cuerda de la situación.

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Lo peor: El personaje de Blanca Suárez. Realmente sorprendente como adaptan todo el guión para que la chica guapa del momento termine en ropa interior embadurnada en aceite para pasar así los últimos treinta minutos de la película. ¿Deciden poner a Carmen Machi o a Terele Pávez  (ambas con infinitamente más talento) enseñando cacho? ¿O incluso a un hombre? Sorpresa, eso no vende. Todo se solucionaría si por lo menos la protagonista representara a una mujer fuerte, pero (sorpresa de nuevo) se trata de una mujer que “de buena es tonta”, cuya máxima aspiración en la vida es enamorarse y que nos muestra su debilidad a lo largo de toda la película y encima al final se le ve recompensado, ¡y todo eso sin bajarse los tacones y con una lencería monísima¡ Motivo más que suficiente para que esta película no reciba mi (humilde) aprobación.

Mi puntuación: 3/5 

“Interesante para pasar un buen rato.”

Mis 5 películas paranoicas: reflexión y ciencia-ficción.

Cine

Hay días en los que te apetece sentarte en el sofá y dejar que te cuenten una historia. Pero no una historia cualquiera, quieres ver algo que te sorprenda, que te traslade a vidas futuras, paralelas, que te aleje de tu realidad. Pero, te preguntarás, a estas alturas ¿qué me va a sorprender a mi? Si tienes un día de estos, coge una de mis recomendaciones: ¡y déjate sorprender!

Es necesario especificar que estas películas son exclusivamente de ciencia-ficción. El género “rayada”, “paranoia” o “películas que tienes que meterte luego en Google a buscar el final” me gusta tanto que como abra más la veda me pongo a hablar de David Lynch y estamos aquí hasta mañana. No son ni las mejores ni las peores, son las que a mi me gustan y las que pienso que pueden gustar a todo el mundo por ser inteligentes y exigentes, a la par que “comerciales” (aunque odie profundamente esa expresión) y asequibles para todo tipo de público. Y sin spoilers, por supuesto.

Las vidas posibles de Mr Nobody

El hecho de que Jared Leto la protagonice me parece un motivo más que suficiente para verla. Pero más allá hay decir que se trata de una película tierna, que pasa por encima de todos los problemas de la vida: el amor, la familia, el dinero, el trabajo… Para pararse en el tema central, la felicidad, y las decisiones que vamos tomando poco a poco hasta alcanzarla. Acompañamos al protagonista desde que es niño hasta viejo, vemos cómo le afecta la separación de sus padres, su primer amor, sus estudios, su trabajo… Todo esto perfeccionado con algunos datos científicos y una fotografía que no te dejará indiferente.

Nos llevará a la reflexión de porqué nuestra vida es cómo es y si podría haber sido de otra forma tomando otro tipo de decisiones. Nos deja en la cama, antes de acostarnos, sumidos en un continuo condicional. El “y si…” te atormentará unos cuantos días, pero merecerá la pena.

Interstellar

Una de mis películas favoritas, en la que Christopher Nolan contando con un reparto bastante convencional (McConaughey, Hathaway y Chastain) consigue hacer algo fuera de lo común: que yo termine la película con ganas de ver un documental de 40 minutos sobre física y cómo se forman los agujeros negros.

A parte de la trama de ciencia-ficción vemos drama y tensión, que se nos transmite con esa música un poco más alta que los diálogos (a conciencia) para generarnos agobio. La tierra está en peligro, y hay que buscar otro planeta, si, pero no solo a eso tendrán que enfrentarse sus protagonistas. Tendrán que vencer sus propios demonios, eligiendo entre el amor y lo correcto, entre la familia y salvar al mundo, perdonar a los seres queridos y seguir hacia delante.

Todo este mejunje de emociones mientras intentas adivinar qué va a pasar con la humanidad y mientras rezas porque, tal y como estamos tratando nuestro planeta, no llegue a ocurrir algún día.

Donnie Darko

Esta es menos agradable y más oscura, a nivel de guión y a nivel de fotografía. Eso la hace aún más genial. Donnie es un adolescente, que sigue la típica trama de pez fuera del agua, solo que en este caso a parte de no encajar en el instituto comienza a tener alucinaciones con un conejo gigante que le pide que haga ciertas cosas. Los diálogos son muy ingeniosos (el mejor el de Pitufina), y nos sacan más de una sonrisa, a través de ellos profundizamos mucho en la psicología del protagonista y conseguimos empatizar con él, llegando a quererlo.

Esta película, que pese (o gracias) a tener poco presupuesto se considera una película de culto, es sin duda la perfecta para iniciarse en esto de los viajes en el tiempo.

Memento

Vaya, ya ha vuelto a aparecer por aquí Nolan (y eso que me he cortado para no poner Origen). Memento trata sobre la vida de Leonard, que posee amnesia anterógrada y no es capaz de almacenar nuevos recuerdos. Para hacer las tareas de la vida cotidiana lee polaroids con notas en el reverso y mira en el espejo su cuerpo cubierto de tatuajes, es su forma de conocer las cosas que va aprendiendo. Él busca vengarse del hombre que violó y asesinó a su mujer, pero su enfermedad, como os podéis imaginar, limita bastante su búsqueda.

Pero, ¿qué tiene esto de ciencia ficción? Pues resulta que la historia no está narrada cronológicamente, es todo una sucesión de escenas, que tú en tu cabeza tienes que ordenar hasta completar el puzzle y dar con el argumento (y con el final). ¡Ríete tú de los agujeros negros y de los saltos en el tiempo!

Primer

La película para expertos en viajes en el tiempo. La recomiendo únicamente si tienes ganas, paciencia y fuerzas para buscar luego en internet (hay muchos buenos samaritanos que han dejado esquemas, croquis e infografías sobre el final de Primer)  . Antes de nada decir que Primer es una copia en algunos aspectos de Los Cronocrímenes de Nacho Vigalondo, pero las cosas están para mejorarlas, y en mi opinión la película española tenía tanto que mejorar que no merecía estar en mi lista.

Si coges un presupuesto de tan solo 7000 dólares y un matemático e ingeniero que se hace director, guionista y productor sale esta película. Trata sobre dos ingenieros que intentan reducir con una máquina el peso de cualquier objeto, para su sorpresa (y nuestro tormento) crean accidentalmente una máquina del tiempo con forma de caja. Los personajes empiezan a usar estas cajas cada vez con más asiduidad. Crean más y más, se multiplican en el tiempo y todo es una gran locura. No me pidáis que os la explique porque no podría hacerlo.

 

Mis 5 mujeres de cine

Cine

Hoy, 8 de marzo y día internacional de la mujer, vengo a hablaros de las mujeres en el cine, de aquellas que me han marcado conforme iba creciendo y me iba adentrando en este terreno pantanoso que es la industria cinematográfica. No pretendo nombrar a las más famosas, ni a las más representativas del feminismo, ni siquiera evaluarlas según el Test de Bechdel. Dejemos todo eso para las más entendidas, y yo daré mi humilde opinión. Cada uno lo suyo.

No me ha sorprendido demasiado el hecho de que no haya casi personajes femeninos en mis películas favoritas con el porcentaje tan pequeño que ocupamos en esta industria. Todos los ejemplos que venían a mi cabeza eran adaptaciones de libros: El color púrpura, Madame Bovary, Jane Eyre, Orgullo y prejuicio… Ocasiones en las que los cineastas han adaptado las obras y no precisamente por el altruismo de promover personajes femeninos. Y no, no pienso hablar de esas películas (para eso hablaría de los libros, escritos por mujeres).

Podríamos pasar horas reflexionando sobre porqué dentro del cine medianamente comercial hay tan pocas protagonistas mujeres que se nos muestren como chicas duras, inteligentes e independientes, pero hoy es nuestro día y no deberíamos amargarnos. La cosa es que, ante mi falta de inspiración, se me ha ocurrido la genial idea de googlear cosas como “actrices y cine”, “cine y mujeres” y términos similares. El resultado te sorprenderá: “mujeres más hermosas de la historia del cine”, “actrices más hot del momento”. Bueno, culpa mía por esperar algo diferente de la sociedad. Así que tras esta frustrante búsqueda me dispongo a hablar de las mujeres de cine que a mi, personalmente, me han servido como ejemplo y me han sacado una sonrisa. Comencemos…

Mulan

La infancia de una niña a la que no le gustan las historias de princesas Disney es muy dura. Mulan me lo hizo un poquito más fácil. En aquella época no entendía porqué me gustaba tanto esta película y porqué odiaba otras en las que salían princesas con pomposos vestidos como La bella durmiente o Blancanieves. Yo solo quería correr, jugar, ensuciarme… quizás por eso me sentía mucho más identificada con ella que con el resto de chicas Disney. A día de hoy lo veo diferente y pienso que Mulan fue el principio de algo nuevo, una mujer que renuncia a ser juzgada por la casamentera, es decir, por la capacidad que tiene de engatusar al hombre de turno usando las únicas artes que se suelen atribuir a las mujeres: la belleza, ocuparse del hogar, los hijos y el marido. Pero la cosa no queda ahí, cuando la guerra llega decide hacerse pasar por un hombre, sacrificándose por su viejo padre, e ir al ejército. A pesar de que Mulan es aparentemente la más débil (físicamente) del grupo de batalla es tan cabezona que con esfuerzo consigue demostrar su valía, salvando al grupo de varios problemas y haciendo incluso que algunos de los soldados se (tra)vistan de concubinas (muy divertido esto último). Un diez a esta película por enseñarnos lo que es “pelear como una chica”.

Hermione Granger

Sé que he dicho que no hablaría de adaptaciones literarias y que ni siquiera es la protagonista. Pero creo que este caso va más allá , y es que Emma Watson se ha convertido en todo un icono por frases como esta: “aprovecho la atención que genero para poner el foco en cosas que no soy yo, cosas más importantes (las mujeres)”. Ya solo por eso merece ser nombrada.

Pero no le quitemos mérito, porque Hermione ha conseguido que en todos los libros y películas de Harry Potter me sienta reflejada con esa niña tan listilla cuya máxima preocupación es que la expulsen (antes incluso que sufrir daños personales). Además, ¿qué sería de Harry y Ron sin Hermione? Ellos no sabían hacer nada, era ella la que siempre los salvaba con conjuros que había memorizado, libros de la biblioteca o con su previsión y anticipación de los acontecimientos. Y es que si, en mi mente Hermione siempre ha sido la gran protagonista de Harry Potter (un aplauso triste a J.K Rowling por no pensar en ello).

Amélie Poulain

Cuando con nueve años vi Amélie comprendí que me gustaba el cine. Amaba todo en esa película: los colores, la música, los cuadros de la pared que hablaban, y por supuesto a ella. Recuerdo que en mi primer móvil descargué un politono de revista con la bso para cuando me llamaban. Me gustaba mucho que ella no tuviera suerte en la vida pero que no se quedara parada, decidía reaccionar y ayudar al mundo. Eso si, cuando el mundo no respondía ella era severa y no tenía miedo de castigar a aquellos que no trataban bien a los demás, como era el caso del frutero con su ayudante. Me encantaba ese perfil de niña buena, pero no me toques las narices. Todos deberíamos tomar ejemplo de ella porque la bondad no está reñida con la justicia, y a veces tenemos que reclamar lo que es nuestro.

Escarlata O’hara

Yo nunca he sido muy de cine clásico, para que nos vamos a engañar, y encima es otra adaptación (aunque triunfó más la película que el libro). Sin embargo esta historia es de esas que te causan escalofríos. Cuando leemos cómo vivían las mujeres en épocas pasadas y los derechos que tenían solo nos queda respirar y ver películas como esta como método paliativo. A Escarlata le pasa de todo pero ella sigue adelante con su perseverancia y su esfuerzo. Es un claro ejemplo de cómo hay que poner por delante los propios objetivos: ella ama Tara, su tierra natal, y hará lo que sea necesario para conservarla (no volverá a pasar hambre). El hecho de tener que cortar sus cortinas para hacerse un traje nuevo y pasearse dignamente a encontrar alguien que le ayude no le supone un problema. Y es que a veces tenemos muchos prejuicios con otras mujeres y lo que hacen o dejan de hacer para salir de situaciones complicadas. Escarlata, a pesar de sus luces y sombras, era una mujer independiente, que no parece situada en 1860 y la guerra de secesión americana, y que no se le caen los anillos por trabajar ni le importa lo que la sociedad diga de ella, escucha su corazón (aunque al final estuviera equivocado).

Laurence (anyways)

Y para acabar una película que he descubierto recientemente del gran director Xavier Dolan y que me sentía obligada a incluir. Porque hoy es el día de TODAS las mujeres, también las transexuales, olvidadas siempre por las listas de cine. Esta es la historia de Laurence, un profesor de instituto que a sus treinta años se da cuenta de que no es feliz y se siente mujer, comienza entonces su cambio. Su novia Fred tarda en comprenderlo aunque decide apoyarle. En esta historia (basada en hechos reales, años 80) vemos durante más de una década cómo Laurence y Fred luchan por un amor que es imposible. Laurence es una mujer valiente, que se enfrenta a la transfobia y a las agresiones en la calle y que decide poner por delante su identidad en vez de ceder a lo que dicta a la sociedad y a seguir llevando una vida normal con su novia. Porque a veces es más importante sentirte a gusto contigo mismo que con la gente que quieres.