El doble más quince: respuestas encontradas en el confluir de la adolescencia y la madurez

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Una atrevida película donde Mikel Rueda apuesta por llevar más allá su cortometraje “Caminan” con una historia donde la soledad une a una mujer madura (Maribel Verdú) y a un adolescente (German Alcarazu).

Para mi gusto estamos ante la propuesta más original de la sección oficial pues, aunque trate de “una pareja andando” al más puro estilo Linklater en su saga del amanecer o siendo más patriotas a Sorogoyen en Stockholm, lo que propone aquí Mikel Rueda es algo que se aleja de lo romántico o incluso de lo sexual. Ella, es una adulta, con la vida resulta como se suele decir, médica, con marido y con hijos. Él es un adolescente cuyo padre acaba de morir y que debe de hacer frente a unas preocupaciones monetarias impropias de su edad. Ambos caminos se cruzan cuando la protagonista, buscando esa chispa que le falta en su vida, entra en un chat sexual. En ese momento él está probando por primera vez ese método, pues necesita dinero rápido para dárselo a su madre y que pague las facturas. Los dos se citan sin haberse mostrado sus rostros y al verse se sorprenden, pues no esperaban la edad del otro. Descartan entonces por completo el encuentro sexual.

Finalmente, terminan pasando el día juntos, y a través de largos paseos los conocemos poco a poco y entendemos sus circunstancias. Son dos personas que en ese momento se sienten solas y buscan respuestas. Ella siente que su vida está acabada, que ya le queda poco por experimentar, él aunque es muy maduro para su edad, se siente sobrepasado.

Todo esto el director decide mostrárnoslo con un exquisito gusto a la hora de componer los planos, dejando fuera de foco al resto de personas que aparecen, pues no son los protagonistas. Nos vemos inmersos en una atmósfera azul, donde solo destacan ellos dos como puntos rojos, para acabar en una habitación de hotel con piel y luz amarilla. Así, la parte técnica es quizás lo más remarcable de la película, siendo un delicado ejercicio de estilo. De igual forma, las actuaciones, pues los protagonistas, ayudados de un elocuente guion, crean una química muy especial.

Al acabar el film en la rueda de prensa parece que algunos no han entendido la película, juzgando moralmente la propuesta del director. Hacen alusión a que lo que se muestra es ilegal (curioso que moleste tanto cuando lo encarna una mujer ya que toda nuestra cultura se sustenta en ficciones como Lolita) y que se ensalza una relación amorosa prohibida. En mi opinión la película no va de eso, va de lo que se llega a hacer cuando nos sentimos solos, del empujón que se puede encontrar en la persona menos pensada cuando estamos en un punto vital en el que no encontramos respuestas. Ella necesita recordar que su vida todavía no está acabada, y le enseña a él de una manera casi maternal a pasárselo bien, pues él ha tenido que crecer demasiado rápido. Entran en un festival de música, reflexionan sobre el matrimonio y el amor… en definitiva hablan de temas necesarios para seguir adelante pues exteriorizan sus sentimientos. La parte romántica y sexual me parece meramente anecdótica con todo el trasfondo que hay detrás. Además, me parece muy valiente mostrar a una mujer madura sintiendo deseos sexuales (al igual que se muestra constantemente a los hombres) y mostrar (no justificar, esto solo es ficción) relaciones de este tipo que es posible que acontezcan.

Aunque “objetivamente” quizás no sea la mejor película de la sección oficial si me ha parecido original y emotiva, y sobre todo valiente, pues viendo las reacciones que ha causado en algunos periodistas me reafirmo en que era necesario contar esta historia.

¿A quién te llevarías a una isla desierta?: el miedo a tomar decisiones

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Tras doce años en los que esta historia ha pasado por diferentes estadios (cortometraje, teatro…) Jota Linares consigue llevar al cine su isla desierta, acompañado de Netflix y cuatro talentosos jóvenes.

La película trata sobre tres compañeros de piso (y la novia de uno de ellos) que tras varios años viviendo ahí deben abandonar la casa en los siguientes días. El microuniverso que han creado en su época de estudiantes se ve alterado por la inminente madurez que les toca afrontar. Deben despedirse, meter todas sus pertenencias en cajas y comenzar una nueva etapa. A través de un solo día conocemos a Marcos, Eze, Marta y Celeste, así como la forma que tienen de relacionarse entre ellos, que se nos va narrando poco a poco. Y que por orden directa de Jota Linares en la rueda de prensa no desvelaremos cómo acaba para que el espectador se sienta totalmente sorprendido.

Tres de los personajes comparten un dilema bastante presente en la sociedad de hoy día, tienen inquietudes artísticas, pero también deben conseguir dinero para poder pagar facturas, es hora de elegir si quieren seguir su vocación o llenar su cartera. Marta se dedica a la danza clásica, Celeste es actriz, Eze escribe guiones y le gustaría vivir del cine. Todas sus preguntas giran en torno a eso: seré suficientemente bueno en lo mío, debería irme fuera a estudiar porque aquí no hay futuro, y si acepto un trabajo en la hostelería con tal de no seguir parada, me dedico a la enseñanza… Por el contrario, Marcos ha terminado medicina y se va a Oviedo a comenzar el MIR, su futuro profesional está claro, pero no por eso está exento de dudas, ya que su vida amorosa es todo un lío.

Esta película va sobre tomar decisiones vitales y la crisis que se presenta al final de la maravillosa época donde todo da igual, en la que vives en un piso con tus amigos y te limitas a pasártelo bien. Es así como, celebrando su última noche y víctimas del alcohol, se ven inmersos en una dramática pelea que comienza con un juego de beber consistente en contestar la siguiente pregunta: ¿a quién te llevarías a una isla desierta?

Un guion muy bien estructurado y muy teatral, interpretado por unos actores que se nota que tienen química entre ellos, donde el gran descubrimiento es Andrea Ros. Si conocíamos a los demás por famosas series de Netflix (María Pedraza y Jaime Lorente) o por otros años del festival (Pol Monen), es Andrea la que nos sorprende con una interpretación magistral y un personaje que el director construyó para ella. El trabajo interpretativo fue complicado, pues resaltan ellos mismos que la escena más dramática se grabó durante una semana, en la que terminaban la jornada con mucha intensidad y tenían que retomar al mismo nivel al día siguiente, lo cual resultó viable gracias al tiempo de ensayo previo y a una buena dirección de actores.

Cabe destacar también la labor que desempeña el director de fotografía junto con el director, metiendo la cámara en lugares imposibles, así como el montador, que tuvo que poner en orden muchos tiros de cámara. Por último, hay que decir que a nivel de producción resulta muy inteligente hacer de esto “un producto Netflix” ya que la temática que trata y los actores encajarán a la perfección en un público joven, y que finalmente esta historia llegará probablemente a más casas por esa vía que si se estrenara únicamente en salas cinematográficas.

Los días que vendrán: acompañando a una pareja en el embarazo

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Fue hace cinco años cuando Carlos Marques-Marcet conseguía en el Festival de Málaga el premio a mejor película con su ópera prima “10.000 km”, una bonita historia sobre las relaciones a distancia. Todo apunta a que este año lo ha vuelto a hacer, termina el pase de prensa, y los espectadores aplauden mientras se escuchan algunos sollozos tímidos en la sala.

“Los días que vendrán” nos presenta a una pareja de treintañeros, que viven juntos desde hace poco tiempo. Ellos descubren que están embarazados y deciden ir a abortar, sin embargo, se arrepienten, pues dicen (a través de un maravilloso diálogo) que no están seguros de querer tenerlo pero que sí están seguros de no querer no-tenerlo. Desde el principio apreciamos la química que existe entre David Verdaguer y María Rodríguez Soto, y nos vemos inmersos en una historia íntima en la que la cámara se pega a los personajes y donde prima el naturalismo en todos los sentidos. Estas imágenes resultan tan reales que impactan, vemos como a la protagonista le crece mes a mes la barriga, conocemos a su madre y observamos un vídeo casero en el que la da a luz… Vamos pasando, momento por momento, por las fases de su embarazo hasta que finalmente la película termina con la actriz dándole el pecho a la recién nacida mientras que él se va a trabajar.

De camino, se tocan temas tan importantes como el contexto socioeconómico y cómo irremediablemente éste nos influye, por ejemplo, siendo la embarazada, Vir, despedida del periódico en el que trabajaba. También el protagonista, Lluís, que comienza la película fumando porros y trabajando en una pequeña oficina con sus amigos, y termina sintiendo el síndrome del macho que debe abastecer a su familia, dejando todo eso por entrar a trabajar en el despacho de abogados de su tío y cambiándole poco a poco desde la forma de vestir hasta la personalidad. A través de varias peleas, sobre el colegio al que acudirá la niña, el nombre que le pondrán o si el parto será natural o con epidural, observamos cómo la pareja se va conociendo poco a poco y cómo cada uno debe de hacer concesiones para poder vivir juntos esos días que están por venir.

La película, rodada en su mayoría en una localización, su apartamento, nos ofrece una variedad de planos de cámara en mano que representan la intimidad, acompañados de una banda sonora catalana maravillosa donde se echan de menos los subtítulos.

Pero no es hasta la rueda de prensa que entendemos lo que acabamos de ver y cómo se ha rodado. El director, Carlos Marques-Marcet cuenta la historia, estaban todavía rodando su anterior película “Tierra Firme” cuando su actor predilecto, David Verdaguer, le contó que su pareja estaba embarazada. En ese momento Carlos comenzó a elucubrar la película, que fue surgiendo poco a poco a medida que avanzaba el embarazo. Ellos alquilaron un piso al lado de donde vivían y usaron su propio apartamento como set de rodaje. La forma en la que trabajaron se basaba en construir los personajes y a raíz de eso improvisar durante horas, mientras que las guionistas, Clara Roquet y Coral Cruz, junto con el director, apuntaban y perfilaban algunos diálogos para luego representarlos con la cámara delante. Hay que destacar también el papel de los productores, valientes al confiar en esta arriesgada apuesta, al ser una película que se construía a sí misma; así como los montadores, que tuvieron que hacer frente a un volumen ingente de horas grabadas.

Además, los protagonistas, al ser pareja representan algunas escenas complicadas con toda naturalidad, como practicar sexo cumplidos los nueve meses de embarazo para provocar el parto. Ayuda también el hecho de que la madre y el padre de María Rodríguez Soto accedieran a actuar en la película y fueran tan generosos como para regalar un video casero sobre el nacimiento de la actriz. Este video se alterna con el metraje grabado, haciéndolo más emotivo aún. Cuenta el director, que la película se grabó en varios formatos para simular la diferencia de éstos que solía haber en los vídeos caseros antiguos.

En definitiva, un magnífico ejercicio de dirección de actores y de fotografía, donde una historia que a priori no parecía tan interesante te envuelve por completo y te sumerge en un mar de emociones.

7 razones para huir (algunas mejores que otras)

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Esta comedia negra inspirada en “Relatos Salvajes” nos presenta 7 cortometrajes de dura crítica social, en la que se nos explican algunos motivos por los que nuestra sociedad está fracasando bajo los títulos de: familia, orden, solidaridad, propiedad, trabajo, progreso y matrimonio.

La premisa de la película es muy atractiva: entrar al cine creyendo que vas a reír y salir divertido, pero con la conciencia social ligeramente trastocada al reconocerte en alguna de las historias que te presentan. Sin embargo, al ser siete historias resulta normal que algunas destaquen por encima de otras, más aún si la primera es espectacular y deja el listón muy alto para las siguientes. Este primer corto, sobre un matrimonio que intenta “abortar” a su hijo nini y treintañero, ya que en su momento no le dejaron, nos prepara el cuerpo para un humor ácido e impactante; pero caemos en la monotonía y la repetición en la segunda historia, cuando un anuncio sobre los niños en el tercer mundo sale de la pantalla y llega al salón de una pareja de ancianos.

A lo largo de la película este cambio de ritmo se repite en varias ocasiones, se alternan historias divertidas y fascinantes con otras que carecen de sentido y resultan aburridas. Aún así, merece la pena, pues las buenas son muy buenas, y los actores y actrices realizan un papel determinante. Cabe destacar a Pepe Viyuela, que representa a un marido que hace frente al “no tengo nada que ponerme” de su mujer (Lola Dueñas) teniendo un taller clandestino en el sótano con esclavos que cosen sin cesar. Este cortometraje, que parece hacer una alusión directa a Amancio Ortega y te quita las ganas de consumir “moda rápida”, se sostiene enteramente por un brillante monólogo del actor.

Las reflexiones que vemos a lo largo del film son actuales y originales, siendo una por ejemplo sobre cómo en un futuro iremos a comprar un piso y tendremos que hacerlo con aquellos que se suicidaron dentro debido a los desahucios. El agente inmobiliario da soluciones al respecto, como decorar al hombre colgado del cuello en el despacho con luces de navidad, o usarlo para pegarle post-it. También es interesante la protagonizada por Nuria Gago y David Verdaguer, unos novios en el altar que se replantean lo que van a hacer ante la frase “hasta que la muerte os separe”, aunque no llega a ser tan desternillante como su predecesora, la historia de la boda de “Relatos Salvajes”.

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En definitiva, una película entretenida y técnicamente muy bien resuelta, pero con luces y sombras. Con historias que son toda una genialidad, pero con otras que sobran y parecen ejercer de relleno, aunque en todas se intuye el mensaje que se pretende transmitir y se aprecia la intención ideológica que hay detrás.

 

Staff Only: una emocionante reflexión sobre el turismo en el tercer mundo

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El primer trabajo de ficción de Neus Ballús hace uso de la estética documental para acompañar a la protagonista y debutante, Elena Andrada, del mundo de la inocencia de los 17 a la madurez de los 18 a base de golpes (emocionales).

La película trata de un viaje familiar, donde Marta (Elena Andrada) y su hermano pequeño acompañan a su padre a un complejo hotelero en Senegal por motivos de negocios. A lo largo de la cinta podemos ver el contraste de la vida de los huéspedes del hotel con la parte donde se está alojado el staff. La directora, contando esta historia, nos muestra el “circo” que hay alrededor del turismo en el tercer mundo. Así como la crueldad de la explotación cultural de los habitantes, que muchas veces tienen que exponer sus costumbres como si fuesen los leones a los que los turistas observan en el safari desde el coche para subir fotos a Instagram. A través de los ojos de la joven vemos este punto de vista más crítico de la situación, en contraposición con su padre, que tiene una agencia de viajes y disfruta disfrazándose y creyéndose dentro de la cultura de los senegaleses.

Como buena adolescente Marta odia las actividades familiares y por rebeldía comienza a mezclarse con el staff del hotel: se escapa por la noche para salir a bailar con el videógrafo, finge estar enferma y se queda ayudando a la limpiadora de la habitación… Aunque ella se cree muy lista, y reprocha a su padre que se preocupe diciéndole que “ya no es una niña” la película termina con un tierno momento de reconciliación, en el que Marta, tras haber sufrido las consecuencias de su inocencia, parece descubrir lo que es la vida y busca apoyo en él.

A parte del bonito trasfondo ideológico de la película, resulta creativo la forma en la que se alternan los planos con lo que graba el videógrafo con estética documental; además de una fotografía y una técnica muy cuidada, que se nota que se ha hecho con cariño. Por otra parte, la banda sonora no pasa desapercibida y crea una atmósfera mágica que, acompañada del salto entre el catalán y el francés, es bastante agradable.

Una muy buena película que a estas alturas del festival parece la candidata más adecuada para ganar la biznaga, aunque todavía no se han estrenado las que podrían ser sus duras competidoras. Cabe destacar sin duda el trabajo de la actriz Elena Andrada y el actor Diomaye A. Ngom, excelentemente dirigidos por Neus Ballús.

“Litus”: la gran depresión silenciosa

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“Litus” de Daniel de la Orden, se presentaba hoy en el 22 Festival de Málaga de Cine en Español. El joven director ha contado con un talentoso elenco para llevar al cine la obra teatral de Marta Buchaca.

La premisa de la película es simple y ha sido ya utilizada por varios cineastas, Litus, un joven de 36 años se suicida. Meses después sus amigos y su exnovia, citados por el hermano del fallecido, se reúnen con el objetivo de hablar de sus sentimientos y leer unas cartas que éste dejó de despedida. Sin embargo, el enfoque es totalmente diferente a lo que hemos visto hasta ahora, pues este estilo de película se centra en todo lo que los personajes dicen sentir, Litus, por el contrario, es una reivindicación de lo que callan.

El arranque es lento y puede resultar pesado, pues pasan demasiado tiempo presentando a los personajes. En esta historial coral protagonizada por caras tan conocidas como la de Belén Cuesta, Quim Gutiérrez, Adrián Lastra o Alex García, vamos conociendo poco a poco su personalidad y pequeños detalles de su pasado, así como su relación con el fallecido Litus. Si bien es cierto que al principio piensas que le sobra la primera media hora, conforme transcurre la película te encuentras totalmente inmerso en los sentimientos de los personajes y te emocionas, es entonces cuando comprendes que esa presentación quizás era necesaria para que llegar a ese punto.

En la rueda de prensa el equipo ha contado cómo la sorpresa final, en boca de Quim Gutiérrez, salió de un guion que no leyeron el resto de los actores, con la finalidad de que reaccionaran de manera natural y espontánea a la hora de grabar la escena. También han remarcado que dispusieron de mucha libertad creativa en cuanto a sus personajes, y que no partían de un guion rígido.

Los elementos técnicos de la película no sobresalen especialmente, pues al beber de una obra teatral se desarrolla la mayor parte del metraje en una localización, que tampoco da juego para un montaje o fotografía muy creativos, aunque lo suficientemente correctos. La banda sonora, de mano de Iván Ferreiro y Dani Trujillo sí que resulta agradable.

En general una película dramática con la que emocionarse, que merecerá la pena si eres paciente y consigues sobrepasar la primera hora. Además plantea ciertas reflexiones interesantes y necesarias, por ejemplo, cómo una persona aparentemente feliz y exitosa puede estar terriblemente deprimida, o cómo hoy día podemos ocultar todo lo que sentimos a través de la rutina del día a día y las redes sociales.