Crítica de “Esto no es Berlín”: de Sundance a Málaga

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Directa desde Sundance nos llega la película mejicana “Esto no es Berlín” de Hari Sama. A través de la historia de Carlos, el protagonista, nos trasladamos a la movida de los años ochenta para hablar de diversos temas, desde el despertar sexual del adolescente, hasta las performances y el movimiento contracultural mejicano.

Carlos y Gera, chicos normales y corrientes de 17 años, consiguen entrar en el mundillo del moderneo gracias a la hermana del segundo, que está en un grupo de rock. A lo largo de varios encuentros en un bar donde parece moverse lo más chungo de la ciudad, ellos hacen los contactos suficientes para que, a pesar de ser menores, puedan tener acceso a nuevos ambientes que les hacen replantearse las cosas.

El primer tema interesante que encontramos es el más universal de todos: el paso de la adolescencia a la edad adulta y con ello la búsqueda de la identidad propia. Ellos sienten que no son como el resto de sus compañeros, todavía bromeando sobre tonterías y tirándose papelitos en clase. Tienen inquietudes, y alucinan con el bar al que van, a pesar de que los demás se ríen porque rumorean que es de gays, motivo por el que en parte acuden a éste.

Se habla del despertar sexual, del uso de las drogas, del sida, del movimiento punk, de los primeros festivales… pero sin duda lo que nos resulta más interesante es el retrato de los primeros momentos del arte performativo. Hablan de

This is not Berlin - Still 2

 los museos de arte contemporáneo, de cómo los cuadros y la pintura se han quedado obsoletos y lo que se lleva son las performances, y sobretodo aquellas que son desagradables. Vemos a artistas comiendo vísceras y ensangrentándose, al protagonista desnudo con la bandera de Méjico para protestar acerca del mundial de fútbol y hasta a un fotógrafo que ante una sobredosis lo primero que hace es sacar una polaroid. Aquellos maravillosos ochenta.

Todo esto no sería interesante si no fuera acompañado de un fabuloso manejo de la cámara y de las luces. La dirección de fotografía es impecable, resulta ilusoria cuando nos tiene que marear en la discoteca, pero también nos transmite el más puro realismo cuando están en las calles. La música se encuentra en armonía con el resto de elementos, mostrando un repertorio hortera y kitsch que seguro formará parte de mi playlist en las próximas semanas.

Aunque desde luego lo mejor es el casting. Todos los actores y actrices son magnéticos y ayudados de vestuario y peluquería resultan totalmente atractivos y creíbles respecto al personaje que les toca representar.

Es cierto que el ritmo podría resultar lento para aquellos que dicen que no les gustan las películas en las que no pasa nada, pero en este caso la atmósfera te envuelve por completo y te dejas arrastrar por la magia de los ochenta. En definitiva, Hari Sama realiza un trabajo magistral en esta película, que será difícil superar por sus competidoras. Sin duda una gran candidata a la biznaga de oro (y por ahora mi apuesta).

Crítica de “El Bar” de Álex de la Iglesia

Cine

Se inauguraba el pasado viernes el Festival de Cine de Málaga con El Bar, la esperada película de Álex de la Iglesia que nos prometía volver a su mejor época, acercarnos un poco más a El día de la Bestia o La Comunidad y hacer que olvidemos las fallidas Mi gran noche y Las brujas de Zugarramurdi. ¿Lo ha conseguido? Es difícil decirlo, la película tiene tantas luces y sombras como sus propios personajes.

Arrancan los títulos de crédito, en una sala llena de entradas compradas en preventa, todos nos miramos expectantes mientras nombres como el de Terele Pávez, Carmen Machi, Mario Casas y Blanca Suárez se pasean entre bacterias y gérmenes con una música que ya nos anuncia que lo que vamos a ver podría ser un thriller.

Comienza la película y se nos van presentando los personajes, gente pintoresca pero muy estereotipada y con poca profundidad. Esta falta de imaginación nos lleva a una niña pija que se queda colgada del primero que aparece, un hipster que trabaja como publicista de Campofrío, un ama de casa ludópata, un vagabundo borracho y religioso, un policía retirado frustrado… Nada que no hayamos visto antes.

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El tono de la película es quizás el único motivo para recomendarla, oscilando siempre entre la comedia y el drama. Riéndonos de ver cosas en pantalla que nos recuerdan a nosotros mismos, aterrándonos al pensar qué haríamos en situaciones límite. Ese humor tan negro dentro del contexto de la sala de cine, que hace que te rías de cosas fuera de lo políticamente correcto, hace que merezca la pena.

Técnicamente muy bien construida, sobretodo el plano secuencia inicial, pero sin una fotografía de estas que enamoran y hacen que un plano en concreto (ya sea por la composición, por el color, por el enfoque…) se te quede grabado en la retina.

En definitiva (SPOILER ALERT!) se trata de una película que puede llevarnos a la reflexión a través de diálogos originales (dentro del estereotipo) a pesar de ser una historia simple. Siembra en el espectador la duda ante la capacidad de elegir si consideramos la vida de unos más valiosa que la de otros según la ocupación o la función que desempeñen. Hace que te preguntes si merece más la pena que viva alguien que ha perdido toda esperanza o una persona joven con mucho tiempo por delante. La película te lleva a través de la mente de los personajes a creer que un vagabundo borracho no necesita la salvación para que después éste de un discurso sobre lo hipócritas que somos y cómo nos equivocamos. La película se despide con un plano final en el que vemos la indiferencia de Madrid, la gran ciudad, ante alguien con problemas, nos hace pensar que vivimos en una sociedad en la que estamos tan ocupados que no tenemos ni un segundo para ayudar a una chica medio desnuda vagando por la calle.

Lo mejor: El vagabundo borracho, Jaime Ordoñez, estupendamente caracterizado y que una vez más nos deleita con una interpretación magistral que debería darle más fama que a otros del reparto. Su personaje nos muestra las luces y las sombras de alguien que tiene una vida rota pero no siempre fue así, de alguien que parece loco pero que en algunos momentos es la persona más cuerda de la situación.

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Lo peor: El personaje de Blanca Suárez. Realmente sorprendente como adaptan todo el guión para que la chica guapa del momento termine en ropa interior embadurnada en aceite para pasar así los últimos treinta minutos de la película. ¿Deciden poner a Carmen Machi o a Terele Pávez  (ambas con infinitamente más talento) enseñando cacho? ¿O incluso a un hombre? Sorpresa, eso no vende. Todo se solucionaría si por lo menos la protagonista representara a una mujer fuerte, pero (sorpresa de nuevo) se trata de una mujer que “de buena es tonta”, cuya máxima aspiración en la vida es enamorarse y que nos muestra su debilidad a lo largo de toda la película y encima al final se le ve recompensado, ¡y todo eso sin bajarse los tacones y con una lencería monísima¡ Motivo más que suficiente para que esta película no reciba mi (humilde) aprobación.

Mi puntuación: 3/5 

“Interesante para pasar un buen rato.”