Staff Only: una emocionante reflexión sobre el turismo en el tercer mundo

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El primer trabajo de ficción de Neus Ballús hace uso de la estética documental para acompañar a la protagonista y debutante, Elena Andrada, del mundo de la inocencia de los 17 a la madurez de los 18 a base de golpes (emocionales).

La película trata de un viaje familiar, donde Marta (Elena Andrada) y su hermano pequeño acompañan a su padre a un complejo hotelero en Senegal por motivos de negocios. A lo largo de la cinta podemos ver el contraste de la vida de los huéspedes del hotel con la parte donde se está alojado el staff. La directora, contando esta historia, nos muestra el “circo” que hay alrededor del turismo en el tercer mundo. Así como la crueldad de la explotación cultural de los habitantes, que muchas veces tienen que exponer sus costumbres como si fuesen los leones a los que los turistas observan en el safari desde el coche para subir fotos a Instagram. A través de los ojos de la joven vemos este punto de vista más crítico de la situación, en contraposición con su padre, que tiene una agencia de viajes y disfruta disfrazándose y creyéndose dentro de la cultura de los senegaleses.

Como buena adolescente Marta odia las actividades familiares y por rebeldía comienza a mezclarse con el staff del hotel: se escapa por la noche para salir a bailar con el videógrafo, finge estar enferma y se queda ayudando a la limpiadora de la habitación… Aunque ella se cree muy lista, y reprocha a su padre que se preocupe diciéndole que “ya no es una niña” la película termina con un tierno momento de reconciliación, en el que Marta, tras haber sufrido las consecuencias de su inocencia, parece descubrir lo que es la vida y busca apoyo en él.

A parte del bonito trasfondo ideológico de la película, resulta creativo la forma en la que se alternan los planos con lo que graba el videógrafo con estética documental; además de una fotografía y una técnica muy cuidada, que se nota que se ha hecho con cariño. Por otra parte, la banda sonora no pasa desapercibida y crea una atmósfera mágica que, acompañada del salto entre el catalán y el francés, es bastante agradable.

Una muy buena película que a estas alturas del festival parece la candidata más adecuada para ganar la biznaga, aunque todavía no se han estrenado las que podrían ser sus duras competidoras. Cabe destacar sin duda el trabajo de la actriz Elena Andrada y el actor Diomaye A. Ngom, excelentemente dirigidos por Neus Ballús.

“Litus”: la gran depresión silenciosa

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“Litus” de Daniel de la Orden, se presentaba hoy en el 22 Festival de Málaga de Cine en Español. El joven director ha contado con un talentoso elenco para llevar al cine la obra teatral de Marta Buchaca.

La premisa de la película es simple y ha sido ya utilizada por varios cineastas, Litus, un joven de 36 años se suicida. Meses después sus amigos y su exnovia, citados por el hermano del fallecido, se reúnen con el objetivo de hablar de sus sentimientos y leer unas cartas que éste dejó de despedida. Sin embargo, el enfoque es totalmente diferente a lo que hemos visto hasta ahora, pues este estilo de película se centra en todo lo que los personajes dicen sentir, Litus, por el contrario, es una reivindicación de lo que callan.

El arranque es lento y puede resultar pesado, pues pasan demasiado tiempo presentando a los personajes. En esta historial coral protagonizada por caras tan conocidas como la de Belén Cuesta, Quim Gutiérrez, Adrián Lastra o Alex García, vamos conociendo poco a poco su personalidad y pequeños detalles de su pasado, así como su relación con el fallecido Litus. Si bien es cierto que al principio piensas que le sobra la primera media hora, conforme transcurre la película te encuentras totalmente inmerso en los sentimientos de los personajes y te emocionas, es entonces cuando comprendes que esa presentación quizás era necesaria para que llegar a ese punto.

En la rueda de prensa el equipo ha contado cómo la sorpresa final, en boca de Quim Gutiérrez, salió de un guion que no leyeron el resto de los actores, con la finalidad de que reaccionaran de manera natural y espontánea a la hora de grabar la escena. También han remarcado que dispusieron de mucha libertad creativa en cuanto a sus personajes, y que no partían de un guion rígido.

Los elementos técnicos de la película no sobresalen especialmente, pues al beber de una obra teatral se desarrolla la mayor parte del metraje en una localización, que tampoco da juego para un montaje o fotografía muy creativos, aunque lo suficientemente correctos. La banda sonora, de mano de Iván Ferreiro y Dani Trujillo sí que resulta agradable.

En general una película dramática con la que emocionarse, que merecerá la pena si eres paciente y consigues sobrepasar la primera hora. Además plantea ciertas reflexiones interesantes y necesarias, por ejemplo, cómo una persona aparentemente feliz y exitosa puede estar terriblemente deprimida, o cómo hoy día podemos ocultar todo lo que sentimos a través de la rutina del día a día y las redes sociales.

Crítica de “Esto no es Berlín”: de Sundance a Málaga

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Directa desde Sundance nos llega la película mejicana “Esto no es Berlín” de Hari Sama. A través de la historia de Carlos, el protagonista, nos trasladamos a la movida de los años ochenta para hablar de diversos temas, desde el despertar sexual del adolescente, hasta las performances y el movimiento contracultural mejicano.

Carlos y Gera, chicos normales y corrientes de 17 años, consiguen entrar en el mundillo del moderneo gracias a la hermana del segundo, que está en un grupo de rock. A lo largo de varios encuentros en un bar donde parece moverse lo más chungo de la ciudad, ellos hacen los contactos suficientes para que, a pesar de ser menores, puedan tener acceso a nuevos ambientes que les hacen replantearse las cosas.

El primer tema interesante que encontramos es el más universal de todos: el paso de la adolescencia a la edad adulta y con ello la búsqueda de la identidad propia. Ellos sienten que no son como el resto de sus compañeros, todavía bromeando sobre tonterías y tirándose papelitos en clase. Tienen inquietudes, y alucinan con el bar al que van, a pesar de que los demás se ríen porque rumorean que es de gays, motivo por el que en parte acuden a éste.

Se habla del despertar sexual, del uso de las drogas, del sida, del movimiento punk, de los primeros festivales… pero sin duda lo que nos resulta más interesante es el retrato de los primeros momentos del arte performativo. Hablan de

This is not Berlin - Still 2

 los museos de arte contemporáneo, de cómo los cuadros y la pintura se han quedado obsoletos y lo que se lleva son las performances, y sobretodo aquellas que son desagradables. Vemos a artistas comiendo vísceras y ensangrentándose, al protagonista desnudo con la bandera de Méjico para protestar acerca del mundial de fútbol y hasta a un fotógrafo que ante una sobredosis lo primero que hace es sacar una polaroid. Aquellos maravillosos ochenta.

Todo esto no sería interesante si no fuera acompañado de un fabuloso manejo de la cámara y de las luces. La dirección de fotografía es impecable, resulta ilusoria cuando nos tiene que marear en la discoteca, pero también nos transmite el más puro realismo cuando están en las calles. La música se encuentra en armonía con el resto de elementos, mostrando un repertorio hortera y kitsch que seguro formará parte de mi playlist en las próximas semanas.

Aunque desde luego lo mejor es el casting. Todos los actores y actrices son magnéticos y ayudados de vestuario y peluquería resultan totalmente atractivos y creíbles respecto al personaje que les toca representar.

Es cierto que el ritmo podría resultar lento para aquellos que dicen que no les gustan las películas en las que no pasa nada, pero en este caso la atmósfera te envuelve por completo y te dejas arrastrar por la magia de los ochenta. En definitiva, Hari Sama realiza un trabajo magistral en esta película, que será difícil superar por sus competidoras. Sin duda una gran candidata a la biznaga de oro (y por ahora mi apuesta).

Sabrina: luchar contra el patriarcado es más duro que luchar contra demonios

Cine

La apuesta de Netflix por el remake de la serie noventera Sabrina, cosas de brujas ha resultado ser un éxito. Y no es casualidad, ya que, bajo la excusa de una trama tan demoníaca como adolescente, trata uno de los temas más actuales y necesarios: la desigualdad y la injusticia hacia las mujeres.

sabrina

La serie nos presenta a Sabrina Spellman, una jovencita a punto de cumplir 16 años. Al ser mestiza (hija de una mortal y de un afamado brujo) deberá elegir el día de su cumpleaños si lleva a cabo su Bautismo Oscuro y vende su alma a cambio de grandes poderes. Sin embargo, Sabrina ha acudido hasta ahora a un instituto normal y corriente y ha entablado lazos afectivos (tiene novio y dos mejores amigas); y lo que es más importante: tiene una gran personalidad que le va a impedir aceptar el camino que los demás le han marcado. Es por eso que ella decide cuestionarse su iniciación en lo que a la magia se refiere, pues considera que no hay nada más preciado que su libertad y no piensa vendérsela a nadie, aunque tenga unas terribles consecuencias. Tras protagonizar un juicio infernal y teniendo en cuenta que su madre la bautizó, el veredicto la obliga a ir por la mañana a su instituto y por la tarde a la academia de magia, pudiendo así aunar sus dos pasiones.

Todo este argumento de lucha contra diferentes instituciones ya sea de su colegio o de la Iglesia Oscura, se convierte en un intento de derribar el sistema establecido: el patriarcado. Al lado de ciertas costumbres o comportamientos de la sociedad en la que se ve inmersa (sea mortal o mágica) el hecho de matar demonios, superar posesiones infernales o acabar con el mismísimo ángel de la muerte, se queda corto.

Algunos de los temas más importantes que trata la serie es la sororidad, la ayuda entre mujeres. Sabrina siempre está por la labor de ayudar a otras chicas, apoya a sus amigas mortales en todo lo que haga falta. En un momento dado los deportistas populares del instituto acosan a Suzie, le levantan la camiseta para ver si tiene pechos, le pegan, le provocan… Sabrina trata de ayudarla a través de las vías “normales”, contándole al director la situación, pero ante la (poco sorprendente) indiferencia de éste, se da cuenta de que debe proceder a través de la vía mágica. Es entonces cuando pide ayuda a sus “enemigas” brujas, las hermanas fatídicas, que a pesar de odiar a Sabrina por ser medio mortal aprecian la injusticia de la situación y están dispuestas a darle una gran lección a esos humanos. Para la venganza, estas adolescentes no tienen más que apelar a lo más obvio: la masculinidad de los chicos y su sexualidad. Consiguen que ellos les sigan a las minas, a pesar de que están muertos de miedo con la frase “¿no seréis unos cobardes?” con una seductora voz. Las brujas, con su magia, consiguen que crean que están besándose con ellas, sin embargo, lo que están haciendo es besarse entre ellos en ropa interior mientras ellas hacen fotos. Saben que si las enseñan su masculinidad se vería terriblemente dañada y por eso los chicos juran no volver a acosar a Suzie ni a ninguna otra mujer del instituto. De igual forma, Sabrina y sus amigas, aprovechando que el director está unos días fuera de juego y que tienen a la jefa de estudios como aliada, crean el club WICCA (Women’s Intersectional Cultural and Creative Association), un lugar para ellas, para hablar tanto de arte como de cualquier problema que estén teniendo las mujeres en el instituto. Además de esto, el feminismo en esta serie es transversal, se encarga de combatir varias injusticias, desde suprimir las “novatadas” de la escuela mágica hasta acabar con la censura de ciertos libros polémicos que han ido retirando de la biblioteca del instituto, como La Naranja Mecánica o Blue Eyes.

Otro aspecto destacable es la constante alusión a los referentes femeninos y la importancia de éstos para coger fuerza y ejemplo. Nada resulta más ilustrativo que la escena en la que Sabrina está intentando ser la primera bruja en realizar un exorcismo porque (sorpresa) es algo que solo pueden hacer los hombres. Ella intenta expulsar a un demonio parásito que atormenta a su poseído diciéndole cosas como sodomita y pervertido. Para realizar el conjuro lo que hace es invocar a todas las grandes brujas y pedirles fuerza. Es una metáfora de cómo nosotras podemos acabar con grandes injusticias sociales y de la importancia de tener grandes referentes y acudir a ellas. En esta escena se alude a mujeres reales de la historia, recordando en cierta forma cómo todas aquellas que se salieron de la norma fueron quemadas por brujas (en sentido figurado o literal). Sabrina las invoca al grito de “visitadnos hermanas, interceded en nuestro nombre”, desde Lilith (primera esposa de Adán según una leyenda judía) o Hécate (diosa griega de los partos), hasta Hildegard de Bingen (curandera del siglo XII) o Ana Bolena (ejecutada en el siglo XVI por adultera).

No podía faltar en una serie de esta índole el tema de los cazadores de brujas, una sutil (o no tanto) metáfora sobre los machistas de la sociedad. En este caso se trata de la familia del novio de Sabrina, pues cuando sus amigas brujas descubren el apellido de éste le dicen que su familia es famosa por sus crímenes contra las brujas y que su novio debe de ser como ellos, pues lo lleva en la sangre. El desarrollo del personaje nos ilustra cómo la personalidad finalmente se puede forjar a pesar del contexto hostil en el que te veas envuelto. El chico se siente solo en su familia, pues su abuelo y su padre son dos mineros rudos y poco transigentes. A pesar de que éste quiere ser dibujante de comics, le obligan a trabajar en la mina, ya que lo del arte no está muy bien visto en semejante familia que representa a la perfección la masculinidad tóxica. Ellos quieren que su pequeño sea un machote, que vaya a cazar con ellos. De hecho, le obligan a matar un ciervo, aunque él se niega. El padre es agresivo y trata mal a las mujeres que tienen alrededor, así como a su hijo, al que intenta pegar más de una vez. Aunque Harvey es sin duda un aliado feminista, que apoya a Sabrina y la trata bien en una relación amorosa muy sana, se ve en algunas ocasiones condicionado por el contexto en el que ha crecido. De pequeño vio al demonio en las minas y desde entonces tiene miedo de volver a entrar. Harvey se atormenta pensando que es un cobarde, le da vergüenza llorar delante de Sabrina en algunos momentos y se puede observar cómo tiene el runrún en la cabeza de que quizás no es demasiado “hombre” (tantos años en semejante familia han hechos sus estragos).

Por último, la serie critica la falta de mujeres en cualquier institución de poder. La Iglesia Negra no está exenta del machismo histórico que se acusa en las instituciones. El Padre Blackwood es el que manda, el representante del Señor Oscuro (también hombre) en la tierra. Las mujeres quedan relegadas al plano de ejecutar sus órdenes o darle un heredero legítimo (que sea hombre, por supuesto). Ellos, como todas las figuras de poder, tienen sus privilegios, y la serie nos muestra cómo en algunos momentos de la historia han sido aprovechados, por ejemplo, una anciana narra cómo se salió del camino de la oscuridad porque el Sumo Sacerdote del momento intentó abusar de ella cuando era una niña. El Padre Blackwood trata a las mujeres o bien con desprecio o bien con condescendencia, o directamente como meros instrumentos para conseguir una finalidad. Tanto es así que cuando su mujer muere en el parto da a luz a gemelos, naciendo la niña antes que el niño. La tía de Sabrina, Zelda, decide ocultar a la niña y criarla ella sola, pues teme que el Sumo Sacerdote enfurezca al ver que la primogénita es mujer. Tras el nacimiento, el padre lleva a su hijo delante de todos los hombres de la Iglesia Oscura, que comienzan a alabarlo de una manera bastante sectaria y que augura el rumbo machista que va a tomar la institución con este nuevo líder al mando…

La antítesis del Padre Blackwood sería la Señorita Wardwell, encargada de llevar a Sabrina al camino de la oscuridad mientras se hace pasar por su profesora. En el último capítulo descubrimos que ella en realidad es Madame Satán, la Madre de los Demonios, y que su objetivo es reinar al lado del Señor Oscuro teniendo a la poderosa Sabrina como discípula. Aunque, tal y como pinta la serie, lo ideal sería que Sabrina y la Señorita Wardwell se aliaran para derrotar al Señor Oscuro, al Padre Blackwood y a todo aquel que pretenda seguir con tradiciones rancias y poco igualitarias.

En conclusión, definitivamente Sabrina es una serie que habla del empoderamiento de la mujer, del machismo y de la lucha contra las injusticias y la desigualdad y, con la que se nos viene encima, no se me ocurre mejor chute de energía que pasar el tiempo libre viendo a esta joven con ganas de comerse el mundo.

Sabrina: Pero yo quiero libertad y poder.

Prudence: Él nunca te dará eso. El Señor Oscuro. El pensamiento de que tú, o cualquiera de nosotros, tengamos ambas le aterroriza.

Prudence: Es un hombre, ¿no?

Sabrina: ¿Y eso por qué?

 

(Publicado en Mujeres en Lucha)