¿A quién te llevarías a una isla desierta?: el miedo a tomar decisiones

festival de cine de málaga, Sin categoría

Tras doce años en los que esta historia ha pasado por diferentes estadios (cortometraje, teatro…) Jota Linares consigue llevar al cine su isla desierta, acompañado de Netflix y cuatro talentosos jóvenes.

La película trata sobre tres compañeros de piso (y la novia de uno de ellos) que tras varios años viviendo ahí deben abandonar la casa en los siguientes días. El microuniverso que han creado en su época de estudiantes se ve alterado por la inminente madurez que les toca afrontar. Deben despedirse, meter todas sus pertenencias en cajas y comenzar una nueva etapa. A través de un solo día conocemos a Marcos, Eze, Marta y Celeste, así como la forma que tienen de relacionarse entre ellos, que se nos va narrando poco a poco. Y que por orden directa de Jota Linares en la rueda de prensa no desvelaremos cómo acaba para que el espectador se sienta totalmente sorprendido.

Tres de los personajes comparten un dilema bastante presente en la sociedad de hoy día, tienen inquietudes artísticas, pero también deben conseguir dinero para poder pagar facturas, es hora de elegir si quieren seguir su vocación o llenar su cartera. Marta se dedica a la danza clásica, Celeste es actriz, Eze escribe guiones y le gustaría vivir del cine. Todas sus preguntas giran en torno a eso: seré suficientemente bueno en lo mío, debería irme fuera a estudiar porque aquí no hay futuro, y si acepto un trabajo en la hostelería con tal de no seguir parada, me dedico a la enseñanza… Por el contrario, Marcos ha terminado medicina y se va a Oviedo a comenzar el MIR, su futuro profesional está claro, pero no por eso está exento de dudas, ya que su vida amorosa es todo un lío.

Esta película va sobre tomar decisiones vitales y la crisis que se presenta al final de la maravillosa época donde todo da igual, en la que vives en un piso con tus amigos y te limitas a pasártelo bien. Es así como, celebrando su última noche y víctimas del alcohol, se ven inmersos en una dramática pelea que comienza con un juego de beber consistente en contestar la siguiente pregunta: ¿a quién te llevarías a una isla desierta?

Un guion muy bien estructurado y muy teatral, interpretado por unos actores que se nota que tienen química entre ellos, donde el gran descubrimiento es Andrea Ros. Si conocíamos a los demás por famosas series de Netflix (María Pedraza y Jaime Lorente) o por otros años del festival (Pol Monen), es Andrea la que nos sorprende con una interpretación magistral y un personaje que el director construyó para ella. El trabajo interpretativo fue complicado, pues resaltan ellos mismos que la escena más dramática se grabó durante una semana, en la que terminaban la jornada con mucha intensidad y tenían que retomar al mismo nivel al día siguiente, lo cual resultó viable gracias al tiempo de ensayo previo y a una buena dirección de actores.

Cabe destacar también la labor que desempeña el director de fotografía junto con el director, metiendo la cámara en lugares imposibles, así como el montador, que tuvo que poner en orden muchos tiros de cámara. Por último, hay que decir que a nivel de producción resulta muy inteligente hacer de esto “un producto Netflix” ya que la temática que trata y los actores encajarán a la perfección en un público joven, y que finalmente esta historia llegará probablemente a más casas por esa vía que si se estrenara únicamente en salas cinematográficas.

“You”: una (peligrosa) forma de hacer pedagogía

Cine, series

El bombazo del mes de Netflix ya ha llegado a 40 millones de espectadores, se trata de “You”, una serie no exenta de polémica que aborda el amor tóxico de una forma muy particular. Aunque esté calificado como thriller psicológico, esta historia sobre un acosador adquiere en ciertos momentos un tinte de comedia romántica, causando confusión entre los más jóvenes y evidenciando el problema social del momento en el que vivimos: la justificación del acoso y del maltrato.

Cuando comencé esta serie pensé que era un buen ejercicio de reflexión, ya que nos muestra cómo los acosadores, maltratadores o asesinos pueden ser de lo más caballerosos, guapos y amables: no es incompatible. Al ser el protagonista el antihéroe (Joe, nuestro aparente príncipe azul que resulta ser un perturbado) irremediablemente empatizamos con él y esto me parece cuanto menos un curioso experimento audiovisual que nos muestra, por una parte, lo fácil que es manipular a través de las imágenes y el discurso una historia, y por otra, que tenemos que deconstruir muchas cosas que vemos como “normales” pero que no lo son. Sin embargo, las primeras reacciones de la audiencia me preocuparon, pues no todo el mundo tiene la perspectiva de género y no se me había ocurrido pensar que alguien podría tomarse este hilo argumental como una bonita historia de amor. Fue el caso de Millie Bobbie Brown (Eleven en Stranger Things) que con 14 años y 18 millones de seguidores daba el siguiente mensaje a través de sus stories de Instragram: “Acabo de empezar esta nueva serie llamada ‘You’. Él no es un perturbado. Él está enamorado de ella y está bien”. Este irresponsable mensaje podría haber calado hondo en otras adolescentes, lo cual me hace replantearme la irresponsabilidad de Netflix al lanzar este mensaje al parecer confuso para algunos a tan amplia audiencia, aunque para mi sea un claro caso de acoso y maltrato.

Es por eso que creo más que necesario analizar todos los comportamientos tóxicos que tiene Joe a lo largo de la serie (que no son pocos) –SPOILER ALERT– desde algo socialmente aceptado como cotillearle el móvil a su novia (aunque no debería), hasta finalmente matarla. Comencemos por el principio, Joe, un atractivo librero se fija en una chica que entra en su establecimiento, se trata de Beck, que casualmente es escritora. El apuesto galán, no contento con un inocente coqueteo, consigue el nombre completo de la chica al pagar ella con tarjeta (algo común en nuestra sociedad desde vendedores de Wallapop, dependientes, hasta repartidores). Esto desencadena un posterior acoso y nos evidencia el peligro que tienen las redes sociales, pues le basta una mañana para adivinar a través de su cuenta de Instagram y su Facebook cuál es su círculo de amistad, sus gustos, dónde vive, cuál es su rutina y cómo y por dónde puede seguirla para espiarla. Como era de esperar, Joe cree ser un justiciero (como casi todos los maltratadores) que ve que la pobre Beck no está tomando las decisiones adecuadas y menos mal que ya está él para actuar por ella. Que no le gusta su actual novio/rollo, pues lo encierra en su pequeña mazmorra que tiene al estilo Batman (pero más romántica porque arregla libros antiguos) y le saca datos de la chica hasta después matarlo.

A base de seguirla a todas partes y juzgar lo desastrosa que es su vida la termina conociendo cuando ella, borracha, cae a las vías del metro y él (que supuestamente está ahí por casualidad) se presenta como su salvador. Beck es una escritora que no consigue escribir, se siente abandonada desde que su padre drogadicto la dejó para formar una nueva familia, se rodea de amigas ricas únicamente preocupadas por salir de fiesta a las que intenta seguir el estilo de vida mientras que no tiene dinero ni para el alquiler… vaya, todo un estereotipo.  En cuanto a esto, es interesante cómo la serie refleja que las vulnerabilidades son un imán para la gente tóxica, en este caso Joe necesita a Beck para justificar su agresividad y su psicopatía, necesita una excusa, alguien a quien cuidar. De hecho, más adelante Joe sale con una chica independiente y segura de sí misma, y finalmente tienen que romper, pues el hecho de estar con alguien que no le necesite no le interesa.

A medida que Joe va enamorando a Beck, ahora que tiene el camino allanado por su exnovio muerto, va comprobando que tiene otro elemento en contra: su mejor amiga, Peach, una chica rica que acapara a Beck y la aleja de sus sueños de escritora. Este es otro tipo de amor tóxico (aunque recordemos que nada comparable con el asesinato), no quiere que ésta triunfe porque significaría pasar menos tiempo juntas. Joe observa lo dañina que es (como si él no lo fuera) y decide eliminarla del camino, primero consiguiendo que se pelee con Beck, pero Peach haciendo uso del chantaje emocional finge su propio suicidio para que ella se quede a su lado. Esto saca de quicio a Joe y, finalmente, en un forcejeo en el que Peach ya descubre que es un acosador, él la mata y la deja en su habitación con una carta de suicidio. Segundo muerto por el bien de Beck, gracias a nuestro caballero andante, que ya ha conseguido que entendamos que lo hace por su bien y que sus actos están totalmente justificados. De hecho, la serie nos muestra que “gracias a la ayuda” de Joe, la vida de Beck va viento en popa, no tiene distracciones, se ha puesto a escribir y tiene un novio maravilloso. Hasta sus amigas quieren a Joe, ya que nunca la habían visto tan centrada y tan feliz. Otro buen reflejo de la realidad, pues normalmente los maltratadores no son psicópatas a primera vista, tal y como se nos pinta en las películas. Son lo suficientemente inteligentes para caerle bien a todo tu círculo de amistades para que cuando la conversación gire en torno a ellos el resto de la sociedad te los recomiende fervientemente.

Beck intuye algunos comportamientos extraños, como que Joe tenga un ataque de celos, que se lo encuentre en ciertos sitios sin saber que ella iba a estar ahí, que le pida que le enseñe el móvil… Pero esto pasa por alto, porque al fin y al cabo en nuestra sociedad estamos bastante acostumbrados a la romantización del acoso. Recordemos que hemos crecido con el vampiro de Crepúsculo observando a su enamorada a hurtadillas mientras ésta dormía, o que hay historias reales que se han hecho virales por “románticas” en las que un tío cualquiera pegaba carteles para volver a ver a una chica que se había cruzado un día en el tren. Además, Beck había sido infiel durante un tiempo con su terapeuta, lo cual parece justificar aún más el comportamiento obsesivo de Joe. Esto también es bastante común en el mundo real, pues no son pocas las noticias en las que justifican feminicidios con infidelidades, como si fuera lo mismo que dos personas adultas decidan tener una aventura fuera de una relación, a que una acabe para siempre con la vida de otra. Pero volviendo a la serie, hasta que no encuentra una caja con pruebas ella no abre los ojos: hay dientes de su exnovio muerto, el móvil que ella supuestamente perdió, ropa interior suya, el móvil de su amiga muerta Peach… Aquí viene el dilema, pues claramente va a denunciarlo pues (por fin) se ha dado cuenta de que sale con un perturbado que como buen psicópata necesitaba guardar sus trofeos de guerra aún a riesgo de que lo pillaran para alimentar su ego. Joe encierra a Beck en su mazmorra, creyendo en su mente enferma que en algún momento podrán seguir con su relación. Sin embargo, termina asesinándola al ver que no es posible y encubre todos los asesinatos que ha cometido con un golpe maestro: finge el suicidio de Beck enviando un ejemplar de su ópera prima, un libro en el que narra cómo su terapeuta la ha acosado y ella ha descubierto que es el asesino de su exnovio y su mejor amiga.

Lo peor de esta serie es su final: Joe se ve recompensado. Sale airoso de esta terrible situación y además da una falsa imagen de final feliz pues Beck (aunque muerta) ha llegado a ser una gran escritora. Para más inri, Joe a lo largo de la serie se ve involucrado en una historia de maltrato entre su vecina y su novio, que finalmente acaba con Joe siendo de nuevo el “héroe” pues mata a este atormentado y borracho policía que amenazaba con acabar con la vida de su vecina. Joe parece estar totalmente en contra del machismo, del maltrato y de las injusticias sociales en general, y al espectador (que actúa como la sociedad en este macabro experimento de Netflix) se le cuela por el simple discurso justificativo de éste, como si el Doctor Jekyll y Mr. Stalker se trataran de dos personas diferentes.

Es cierto que esta serie puede ser constructiva y ayudar a entender a muchas mujeres que el acoso, maltrato y las relaciones tóxicas no es algo tan alejado, no aparece un hombre con un cartel de “voy a destrozarte la vida”. Son personas como Joe, atractivas, aparentemente simples y que caen bien a tu círculo amistoso y familiar, de esas que luego salen en el telediario los vecinos diciendo “parecía un chico muy normal”. Y por eso me parece un buen experimento, porque te pones en la piel de Beck, sientes que a ti también te pueden engañar y eso te hace estar más alerta y además te ayuda a identificar posibles casos que haya a tu alrededor. Pero todo esto queda vacío sin una perspectiva de género, de ser pedagógica, en ningún caso un ejemplo. Y me sorprende y aterra que las generaciones venideras puedan confundir esto con una historia de amor en vez de lo que realmente es: una historia de maltrato y acoso.

Sabrina: luchar contra el patriarcado es más duro que luchar contra demonios

Cine, series

La apuesta de Netflix por el remake de la serie noventera Sabrina, cosas de brujas ha resultado ser un éxito. Y no es casualidad, ya que, bajo la excusa de una trama tan demoníaca como adolescente, trata uno de los temas más actuales y necesarios: la desigualdad y la injusticia hacia las mujeres.

sabrina

La serie nos presenta a Sabrina Spellman, una jovencita a punto de cumplir 16 años. Al ser mestiza (hija de una mortal y de un afamado brujo) deberá elegir el día de su cumpleaños si lleva a cabo su Bautismo Oscuro y vende su alma a cambio de grandes poderes. Sin embargo, Sabrina ha acudido hasta ahora a un instituto normal y corriente y ha entablado lazos afectivos (tiene novio y dos mejores amigas); y lo que es más importante: tiene una gran personalidad que le va a impedir aceptar el camino que los demás le han marcado. Es por eso que ella decide cuestionarse su iniciación en lo que a la magia se refiere, pues considera que no hay nada más preciado que su libertad y no piensa vendérsela a nadie, aunque tenga unas terribles consecuencias. Tras protagonizar un juicio infernal y teniendo en cuenta que su madre la bautizó, el veredicto la obliga a ir por la mañana a su instituto y por la tarde a la academia de magia, pudiendo así aunar sus dos pasiones.

Todo este argumento de lucha contra diferentes instituciones ya sea de su colegio o de la Iglesia Oscura, se convierte en un intento de derribar el sistema establecido: el patriarcado. Al lado de ciertas costumbres o comportamientos de la sociedad en la que se ve inmersa (sea mortal o mágica) el hecho de matar demonios, superar posesiones infernales o acabar con el mismísimo ángel de la muerte, se queda corto.

Algunos de los temas más importantes que trata la serie es la sororidad, la ayuda entre mujeres. Sabrina siempre está por la labor de ayudar a otras chicas, apoya a sus amigas mortales en todo lo que haga falta. En un momento dado los deportistas populares del instituto acosan a Suzie, le levantan la camiseta para ver si tiene pechos, le pegan, le provocan… Sabrina trata de ayudarla a través de las vías “normales”, contándole al director la situación, pero ante la (poco sorprendente) indiferencia de éste, se da cuenta de que debe proceder a través de la vía mágica. Es entonces cuando pide ayuda a sus “enemigas” brujas, las hermanas fatídicas, que a pesar de odiar a Sabrina por ser medio mortal aprecian la injusticia de la situación y están dispuestas a darle una gran lección a esos humanos. Para la venganza, estas adolescentes no tienen más que apelar a lo más obvio: la masculinidad de los chicos y su sexualidad. Consiguen que ellos les sigan a las minas, a pesar de que están muertos de miedo con la frase “¿no seréis unos cobardes?” con una seductora voz. Las brujas, con su magia, consiguen que crean que están besándose con ellas, sin embargo, lo que están haciendo es besarse entre ellos en ropa interior mientras ellas hacen fotos. Saben que si las enseñan su masculinidad se vería terriblemente dañada y por eso los chicos juran no volver a acosar a Suzie ni a ninguna otra mujer del instituto. De igual forma, Sabrina y sus amigas, aprovechando que el director está unos días fuera de juego y que tienen a la jefa de estudios como aliada, crean el club WICCA (Women’s Intersectional Cultural and Creative Association), un lugar para ellas, para hablar tanto de arte como de cualquier problema que estén teniendo las mujeres en el instituto. Además de esto, el feminismo en esta serie es transversal, se encarga de combatir varias injusticias, desde suprimir las “novatadas” de la escuela mágica hasta acabar con la censura de ciertos libros polémicos que han ido retirando de la biblioteca del instituto, como La Naranja Mecánica o Blue Eyes.

Otro aspecto destacable es la constante alusión a los referentes femeninos y la importancia de éstos para coger fuerza y ejemplo. Nada resulta más ilustrativo que la escena en la que Sabrina está intentando ser la primera bruja en realizar un exorcismo porque (sorpresa) es algo que solo pueden hacer los hombres. Ella intenta expulsar a un demonio parásito que atormenta a su poseído diciéndole cosas como sodomita y pervertido. Para realizar el conjuro lo que hace es invocar a todas las grandes brujas y pedirles fuerza. Es una metáfora de cómo nosotras podemos acabar con grandes injusticias sociales y de la importancia de tener grandes referentes y acudir a ellas. En esta escena se alude a mujeres reales de la historia, recordando en cierta forma cómo todas aquellas que se salieron de la norma fueron quemadas por brujas (en sentido figurado o literal). Sabrina las invoca al grito de “visitadnos hermanas, interceded en nuestro nombre”, desde Lilith (primera esposa de Adán según una leyenda judía) o Hécate (diosa griega de los partos), hasta Hildegard de Bingen (curandera del siglo XII) o Ana Bolena (ejecutada en el siglo XVI por adultera).

No podía faltar en una serie de esta índole el tema de los cazadores de brujas, una sutil (o no tanto) metáfora sobre los machistas de la sociedad. En este caso se trata de la familia del novio de Sabrina, pues cuando sus amigas brujas descubren el apellido de éste le dicen que su familia es famosa por sus crímenes contra las brujas y que su novio debe de ser como ellos, pues lo lleva en la sangre. El desarrollo del personaje nos ilustra cómo la personalidad finalmente se puede forjar a pesar del contexto hostil en el que te veas envuelto. El chico se siente solo en su familia, pues su abuelo y su padre son dos mineros rudos y poco transigentes. A pesar de que éste quiere ser dibujante de comics, le obligan a trabajar en la mina, ya que lo del arte no está muy bien visto en semejante familia que representa a la perfección la masculinidad tóxica. Ellos quieren que su pequeño sea un machote, que vaya a cazar con ellos. De hecho, le obligan a matar un ciervo, aunque él se niega. El padre es agresivo y trata mal a las mujeres que tienen alrededor, así como a su hijo, al que intenta pegar más de una vez. Aunque Harvey es sin duda un aliado feminista, que apoya a Sabrina y la trata bien en una relación amorosa muy sana, se ve en algunas ocasiones condicionado por el contexto en el que ha crecido. De pequeño vio al demonio en las minas y desde entonces tiene miedo de volver a entrar. Harvey se atormenta pensando que es un cobarde, le da vergüenza llorar delante de Sabrina en algunos momentos y se puede observar cómo tiene el runrún en la cabeza de que quizás no es demasiado “hombre” (tantos años en semejante familia han hechos sus estragos).

Por último, la serie critica la falta de mujeres en cualquier institución de poder. La Iglesia Negra no está exenta del machismo histórico que se acusa en las instituciones. El Padre Blackwood es el que manda, el representante del Señor Oscuro (también hombre) en la tierra. Las mujeres quedan relegadas al plano de ejecutar sus órdenes o darle un heredero legítimo (que sea hombre, por supuesto). Ellos, como todas las figuras de poder, tienen sus privilegios, y la serie nos muestra cómo en algunos momentos de la historia han sido aprovechados, por ejemplo, una anciana narra cómo se salió del camino de la oscuridad porque el Sumo Sacerdote del momento intentó abusar de ella cuando era una niña. El Padre Blackwood trata a las mujeres o bien con desprecio o bien con condescendencia, o directamente como meros instrumentos para conseguir una finalidad. Tanto es así que cuando su mujer muere en el parto da a luz a gemelos, naciendo la niña antes que el niño. La tía de Sabrina, Zelda, decide ocultar a la niña y criarla ella sola, pues teme que el Sumo Sacerdote enfurezca al ver que la primogénita es mujer. Tras el nacimiento, el padre lleva a su hijo delante de todos los hombres de la Iglesia Oscura, que comienzan a alabarlo de una manera bastante sectaria y que augura el rumbo machista que va a tomar la institución con este nuevo líder al mando…

La antítesis del Padre Blackwood sería la Señorita Wardwell, encargada de llevar a Sabrina al camino de la oscuridad mientras se hace pasar por su profesora. En el último capítulo descubrimos que ella en realidad es Madame Satán, la Madre de los Demonios, y que su objetivo es reinar al lado del Señor Oscuro teniendo a la poderosa Sabrina como discípula. Aunque, tal y como pinta la serie, lo ideal sería que Sabrina y la Señorita Wardwell se aliaran para derrotar al Señor Oscuro, al Padre Blackwood y a todo aquel que pretenda seguir con tradiciones rancias y poco igualitarias.

En conclusión, definitivamente Sabrina es una serie que habla del empoderamiento de la mujer, del machismo y de la lucha contra las injusticias y la desigualdad y, con la que se nos viene encima, no se me ocurre mejor chute de energía que pasar el tiempo libre viendo a esta joven con ganas de comerse el mundo.

Sabrina: Pero yo quiero libertad y poder.

Prudence: Él nunca te dará eso. El Señor Oscuro. El pensamiento de que tú, o cualquiera de nosotros, tengamos ambas le aterroriza.

Prudence: Es un hombre, ¿no?

Sabrina: ¿Y eso por qué?

 

(Publicado en Mujeres en Lucha)

 

13 Reasons Why el machismo mató a Hannah Baker

Cine, series

Por trece razones, la nueva serie de Netflix que todos hemos devorado en cuestión de días. Algunos la empezamos con la convicción de que sería algo entretenido y ligero. Nada más lejos de la realidad, nos encontramos con una serie adolescente cruda y desgarradora, que nos incomoda quizás por reflejar demasiado bien el mundo en el que vivimos. Cosas que entrevemos en el día a día se nos muestran más claras en la pantalla, y yo no puedo hacer otra cosa que alegrarme de que su público crezca de forma exponencial, pues estos trece capítulos deberían ser visionado obligatorio. Tocando todos los temas de la vida cotidiana, y ofreciéndonos reflexiones como para escribir un libro, yo voy a centrarme en algo en concreto, cinta por cinta. En cómo no fue el bullying, ni la inatención de sus compañeros, profesores y familia, ni siquiera la violación de Bryce lo que mató a Hannah Baker. Y es que fue lo que subyace detrás, la violencia machista.

Cinta 1A Justin Foley.

Empecemos por la primera cinta. Hannah, una chica nueva en el instituto llega a clase. Pero comete el tremendo error de enamorarse y elige para ello al gallito de turno, Justin Foley. Ella le da su primer beso. Esto nos transmite la aparente inocencia de esa época en contraposición con la necesidad de pavonearse del adolescente, que extiende el rumor de que ha llegado con Hannah bastante más lejos de lo que en realidad ha llegado. Aparentemente el problema es que el rumor no es cierto, pero ¿y si lo fuera? ¿tiene una mujer en el siglo XXI que ser abucheada por los pasillos mientras el hombre con el que ha compartido ese momento es vitoreado? A raíz de este incidente Hannah es estigmatizada, por hombres y por mujeres, ganándose así la fama de “la fácil del instituto”. De aquí en adelante todos hacen referencia a ese rumor, en los trece capítulos, para herirla de una manera u otra. Podría decirse que es incluso la raíz del problema, pues da a otros personajes autoridad para llegar más lejos, para propasarse. Esto nos resulta chocante porque el rumor surge únicamente de su primer beso, pero la triste verdad es que si hubiera llegado hasta el final con Justin podríamos justificar esta estigmatización por parte de sus compañeros, porque así está el mundo en el que vivimos y lo vemos todos los días.

Cinta 1B Jessica Davis.

Comienza siendo amiga de Hannah pero su amistad se ve truncada por un chico. Alex y Jessica rompen su relación y ésta inmediatamente decide echarle la culpa a Hannah. Una vez más es la chica despechada la que ataca a otra mujer, en este caso nuestra suicida protagonista, en vez de rendir cuentas a quién realmente le debe lealtad y compromiso: su novio. Jessica deja claro a Hannah que piensa que ha sido culpa suya por los rumores que corren por el instituto, y es que “ya le habían dicho que era una zorra”. Crecemos con este referente, se fomenta la competencia entre nosotras en vez de la unidad para intentar cambiar las cosas.

Cinta 2A Alex Standall.

Alex hace una lista en la cual señala a Hannah como el mejor trasero del instituto, al contrario que el de su ex Jessica, que es el peor. A parte de enfrentar a dos grandes amigas para siempre, Alex expone a Hannah delante de todo el colegio. Gran parte de la sociedad no entenderá esto, pues es la misma gente que dice “a ti qué te molesta que te griten piropos por la calle”. Pues bien, ella está incómoda, no puede andar sin que la miren o hagan referencia a su famoso culo. Sin ir más lejos Bryce (su posterior violador) se siente con la autoridad y el poder de tocárselo, mientras ella derrama una lágrima. Y es que su cuerpo es ahora dominio público. Como ella misma dice “sin esta lista la mayoría de las cosas no hubieran pasado”.

Cinta 2B Tyler Down.

El fotógrafo del instituto, un voyeur que espía a Hannah. Mientras ella duerme puede escuchar el click de la cámara, volviéndola paranoica. Incluso cuando Hannah lo descubre y promete que no lo hará más, ella dice que no volverá a sentirse segura. Nunca. Lo peor de esto es que Tyler lo justifica con que está enamorado, lo dice con palabras aparentemente románticas. Y es que… ¿Qué diferencia hay en este caso entre acoso y romanticismo? La misma diferencia que vemos hoy día cuando nos cuentan en el telediario cómo un chico pega carteles por toda una ciudad buscando a una chica que ha visto solo una vez en un tren: ninguna.

Cinta 3A Courtney Crimsen.

Cuando los chicos creen que Courtney y Hannah se están besando en la foto comienzan a hacer comentarios referentes a que se quieren “unir a la fiesta”. No conciben que pueda haber una relación que los deje fuera, que los haga inútiles. Lejos de ver la homosexualidad de Courtney como algo normal y coherente lo extrapolan a su territorio, “hacéis esto para ponernos cachondos”. Ella no puede con la presión social y da la razón a todos, culpando a Hannah, alegando que quería hacer un trío y que es tan fácil como todos piensan.

Cinta 3B y 4A Marcus Cooley y Zach Dempsey.

Marcus, su cita de San Valentín, llega una hora tarde, rodeado de su machirulos deportistas que se sientan en la mesa contigua a observar y aplaudir su jugada. Marcus les explica que la está haciendo esperar a propósito, que es todo una táctica, casualmente similar a la que predican muchos Youtubers famosos, referentes de millones de adolescentes. Cuando cree que la tiene en el bote decide tocarle la pierna y subir la mano, Hannah grita muy asustada y llora, él está avergonzado por haber sido rechazado delante de sus amigos. El chico que decide subirse al carro ante el rumor de que Hannah es fácil sale de escena. Y entra el otro gran deportista, su amigo Zach Dempsey, que consuela a Hannah y en principio parece un tío majo. Hasta que ella le rechaza, ya escarmentada de tanta mala experiencia, entonces Zach comienza a hacerle la vida imposible. Ni siquiera cuando le escribe una nota hablándole de suicidio él deja de lado su orgullo de macho herido para ayudarla. Este fea costumbre de llamar “zorra” a una chica que te ha rechazado está también muy de moda en la sociedad actual.

Cinta 4B Ryan Shaver.

Publica un poema de Hannah en el periódico del colegio, muy profundo, en el que ella expresa sus sentimientos. Lo que hacen los estudiantes es extrapolarlo al plano sexual “guau, está haciendo metáforas con ropa interior” y atribuir lo sentimental con la debilidad, la expresión de los sentimientos con lo patético. ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que se deje de sexualizar el arte y todo lo que hacen las mujeres en general?

Cinta 5A Justin Foley de nuevo.

Para mi, la cinta más dura de todas. Jessica está borracha, Justin es su novio y podría quedarse con ella y cuidarla, en vez de eso deja que su amigo Bryce entre y la viole. Así de simple. Ella está borracha, indefensa y Hannah presencia todo, en shock. ¿Lo peor de esto? Pues que la culpa se podría atribuir a Jessica por haber bebido tanto o a Hannah por haber entrado en estado de shock y no gritar. No vemos con suficiente claridad que, sin duda alguna, la culpa es del que se aprovecha del estado de embriaguez de otra persona para violarla. Tras esto, Jessica se plantea incluso tapar el hecho por vergüenza, porque en el fondo se siente culpable, siente que de alguna forma ella ha dado píe a esa situación. ¿Nos parece esto tan descabellado en comparación con las noticias que leemos de violencia machista, con titulares como “mujer muerta a cuchilladas”, como si hubieran caído del cielo?

Cinta 6A Clay Jensen.

El salvador de esta historia, el que parece que podría haber entendido a Hannah. Aún así hace alusión varias veces a su reputación de facilona y admite que era por envidia de lo que otro podría haber conseguido hacer con ella. Cuando Hannah decide empezar una relación con él no puede, su cabeza no le deja por todas sus experiencias anteriores y Clay no lo entiende. Y es que en este punto de la película, Hannah ya es una persona rota, que si no se hubiera suicidado tardaría años en volver a confiar en los hombres.

Cinta 6B Bryce Walker.

No fue suficiente con violar a Jessica. Hannah está en una fiesta y quiere pasárselo bien, se mete en el jacuzzi sola en ropa interior (cuya diferencia respecto al traje de baño es inocua para mi pero se ve que no para muchos). Bryce entra sin haber mantenido antes si quiera una conversación con ella. Se acerca y la viola. Hannah está asustada y no es capaz de pronunciar la palabra “no” o de golpearle, pero me parece más que evidente (y si no lo ves deberías ir al psicólogo) que es una violación en toda regla. Ella llora, grita, intenta deshacerse de él y finalmente vuelve a casa con el cuerpo lleno de moratones. Qué bonita primera vez. Por supuesto Bryce posteriormente alega que no podía hacer otra cosa, ella lo estaba deseando, “¿qué clase de persona entra en ropa interior a un jacuzzi vacío si no es con la esperanza de que alguien llegue para darle lo suyo?”

Cinta 7A Señor Porter.

El colmo de la serie. Hannah intenta denunciar lo que ha sufrido ante una pasividad más que evidente del sistema educativo (que se podría comparar con la del sistema judicial o policial en estos casos). El Señor Porter hace preguntas tales como “¿pero le dijiste a ese chico que no?” o “no será que ahora después de haberlo hecho te arrepientes”. Estas frases no distan tanto otras cosas que conocemos, como el típico “pero qué llevabas puesto” que tienen que escuchar muchas mujeres que van a denunciar a comisaria. Al final la culpa va para la víctima y el agresor suele quedar impune en la mayoría de los casos.

Esta serie no tiene desperdicio desde el punto de vista sociológico, un análisis de conductas que todos hemos tenido y que seguimos perpetrando. Mi única esperanza es que estos trece capítulos hayan removido conciencias. Si has llegado hasta aquí, gracias, y espero que por lo menos mis palabras hayan servido para que se empiecen a llamar a las cosas por su nombre. Porque no señores, si Hannah hubiera sido hombre no se hubiera suicidado, porque todo lo que le sucedió fue por algo simple: por ser mujer. A Hannah Baker la mató el machismo.